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Reanudan la investigación de María Piedad tras seis años desaparecida

La asociación SOS desaparecidos trabaja para reabrir el caso, archivado judicialmente por falta de pruebas hace tres años. El equipo de criminólogos busca pistas para dar con el paradero de la joven cuyo rastro se perdió en Boadilla en 2010.

La asociación SOS desaparecidos trabaja para reabrir el caso, archivado judicialmente por falta de pruebas hace tres años. El equipo de criminólogos busca pistas para dar con el paradero de la joven cuyo rastro se perdió en Boadilla en 2010.

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«Edad 31 años. 1,70 metros de estatura. Pantalón vaquero negro, camisa morada, chaqueta ¾ negra. Desaparecida el 12/12/2010». El año pasado la asociación sin ánimo de lucro SOS Desaparecidos tuvo una difusión de 68 millones de personas por lo que existen muchas probabilidades de que usted se haya descargado o compartido vía redes sociales en los últimos días esta ficha de desaparición con la imagen de una guapa joven de pelo oscuro que, a buen seguro, también le sonará. Parece mentira que las próximas navidades vayan a cumplirse ya siete años desde que María Piedad García Revuelta fuera a la típica cena de empresa con sus compañeros del Mercadona de Boadilla del Monte. No regresó, su ex marido y principal sospechoso de su desaparición se ahorcó tres días después en una torre de alta tensión de San Lorenzo de El Escorial y la Guardia Civil la buscó, como suele decirse, por tierra, mar y aire. No dieron con ningún rastro que les llevara a ella y, un día después de que se cumplieran cuatro años de su desaparición, el juzgado de Instrucción número 5 de Móstoles –responsable de la investigación del caso–, decidió archivarlo por «falta de indicios».

A pesar de este varapalo judicial para la familia, los investigadores no lo han aparcado y siguen en ello pero, hasta hoy, nada ha sido fructífero. Por eso, la familia de la joven, que dejó a dos niños de ahora 15 y 6 años, han acudido ahora a SOS Desaparecidos, una asociación que difunde la imagen de desaparecidos y ayuda a sus familias con psicólogos y criminólogos a su disposición.

Pero ¿qué pueden hacer en este caso, cuando el juzgado ya ha archivado y la Guardia Civil no parece avanzar en la investigación? «Se puede hacer mucho», responde categórico Joaquín Amill, el presidente de esta entidad que nació en 2010 con ánimo de «difundir y ser voz de las familias ante todo aquello que no funciona: protocolos de actuación, bases de datos...». Este caso, efectivamente, podría ser un ejemplo de cómo una denuncia rápida por parte de la familia en una de las denominadas «desapariciones inquietantes» y un claro sospechoso desde el minuto uno, no siempre es sinónimo de un resultado.

Pero, aunque las fuerzas flaqueen a ratos, se hayan llegado a creer todo tipo de teorías de muchos iluminados con ganas de dinero o fama, hayan barajado todas las posibilidades habidas y por haber, la familia de María Piedad no pierde la esperanza de encontrar a su hija, madre y hermana. Ha sido Jorge García, hermano de la desaparecida, quien se ha puesto en contacto con la asociación para hacer todo lo que se pueda por poner fin a esta historia. «Tenemos bastantes esperanzas, estamos con fuerza», explica a este diario. Una criminóloga que colabora con la entidad, Iciar Iriondo, ya se ha puesto con el caso. Lo primero, revisar hasta la última coma de un sumario que consta de cerca de mil folios repartidos en tres tomos. Lo hacen entre cuatro compañeros del despacho de criminología Dacrim, del que es directora, y lo compaginarán con su trabajo habitual y con otros casos de desaparecidos.

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Recorrerán, de nuevo, prácticamente los mismos pasos que en su día hicieron los agentes del instituto armado. «Hacemos trabajo de campo. Vamos al lugar de los hechos, nos entrevistamos con familiares, amigos, compañeros de trabajo... tanto de la víctima como el principal sospechoso, que, en este caso, está fallecido. A partir de ahí, según las conclusiones que saquemos, veremos cómo actuamos», explica Iriondo.

Análisis de la conducta

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Los profesionales elaboran un perfil de la víctima y del presunto responsable de la desaparición (analizan sus gustos, por dónde se movían, su aspecto físico...). «A veces se dan por hecho cosas que no tienen porqué darse por sentado», sostiene la criminóloga. También irán a las zonas rastreadas. Hay que recordar que la Guardia Civil peinó montes, polígonos industriales y parajes de una ingente cantidad de hectáreas en toda la región, especialmente en la zona que va desde Villanueva de la Cañada hasta Navalcarnero, Quijorna, Brunete, la dehesa de Raya del Palancar de Villanueva del Pardillo, Villaviciosa de Odón, Villanueva de la Cañada y en los caminos que salen de las carreteras M-501 y la M-503 en Quijorna y la misma Boadilla. En una de las múltiples batidas que organizaron, rastrearon multitud de pozos (hasta 300), el embalse de Valmayor, el río Guadarrama y hasta en el vertedero de Pinto, que es donde acaban las basuras de Boadilla para su tratamiento.

No encontraron gran cosa de importancia investigativa, a la vista de los resultados. Cuando los criminólogos finalicen su investigación, el proceder habitual es elaborar un informe y que el representante legal de la familia vaya al juzgado a solicitar la práctica de nuevas diligencias que no se han producido cuando la investigación judicial estaba abierta. Pero la criminóloga advierte de que no siempre es tan fácil: «Tiene que estar muy bien fundamentado. A veces hay preguntas relevantes que, por lo que sea, no se hicieron en el momento de una toma de declaración». Aquí, según explican desde SOS Desaparecidos, pueden surgir en ocasiones fricciones con los agentes encargados en su día de las pesquisas, muchas veces reacios a que alguien «de fuera» venga a «corregirles» pero si lo ordena un juzgado tienen que hacerlo y el sentido común y el bien superior (encontrar a la chica) suelen estar por encima de todo eso.

Nuevas pruebas

«También se pueden pedir, por ejemplo, rastrear otras zonas que no se han tocado, pedir las comunicaciones a compañías telefónicas...», explica Iriondo. Este último punto es uno de los habituales últimamente ya que en pocos años se ha avanzado mucho en las tecnologías telefónicas y muchas investigaciones han dado pasos agigantados gracias al posicionamiento de los teléfonos, en función de las antenas. «Las últimas actuaciones de este caso son de 2012. El tiempo cambia, ahora hay mas medios. Siempre se puede hacer algo más», zanja, positiva, Iriondo.

Aunque el estudio a fondo del caso por parte de este grupo de criminólogos está en una fase muy inicial (aún no han terminado de leer todo el sumario), desde SOS Desaparecidos se muestran bastante optimistas. Todo apunta, como siempre se ha creído también desde la investigación «oficial», que el ex marido de María Piedad estaría detrás de su desaparición y que estaba todo premeditado, pero hay algunos flecos que se podrían tocar y que ayudarían a dar con el paradero de la joven boadillense. Por razones obvias, no se van a difundir.

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Psicólogos e investigadores para la familia

Joaquín Amill creó SOS Desaparecidos en 2010 tras la desaparición de su propio hijo en 2008. Por eso, nadie mejor que él para ponerse en la piel de quien acaba de sufrir la desaparición de un familiar o han pasado los años y sigue sin haber una pista acerca del paradero. Nacieron con presupuesto cero, no tienen ni cuenta corriente ni aceptan ningún tipo de donación. «Les decimos que vayan a Cáritas o a donde quieran. Creemos en la solidaridad y hay un sinfín de organizaciones que lo necesitan más», explica Amill. Piden siempre copia de la denuncia; si no la han puesto, no aceptan ni difunden. El fundador es muy crítico con los videntes que abusan de estas familias. Antonia Revuelta, madre de la joven y ahora «madre» de sus dos nietos (en la imagen) sigue esperando que la joven vuelva a casa. Cree que puede estar retenida y el resto de la familia ha barajado todas las opciones. «Hay que encontrarla para que este sufrimiento termine», dice.