Europa

Luis Fonsi: «No hay antídoto contra el “Despacito”»

Aquí tienen al creador del peor virus informático, el más nocivo gusano que haya creado el hombre: la canción del verano. Este puertorriqueño educado en Estados Unidos ha puesto el español de moda con un tema que va camino de convertirse en el vídeo más reproducido de la historia

Es el hombre del momento, la canción del verano. Sonrisa de colegio privado, educación exquisita, Luis Fonsi desprende una energía tranquila, apaciguadora. Al contrario que sus asistentes y los miembros de su discográfica, desatados y enloquecidos de un lado a otro. Una conexión para Ana Rosa, un posado fotográfico, y por eso un par de ellos le persiguen con la brocha de maquillaje. Yo le propongo hacer la entrevista «despacito» en cambio, «pasito a pasito», pronunciando bien cada sílaba. Me mira raro por la idiotez pero no se mosquea. «Despacito» es la canción del verano, o más bien del año. Si hablamos de éxitos globales en español, del milenio pues. 4.000 millones (repetimos, cuatro mil millones) de escuchas de «streaming» le han valido un disco de plutonio (¿Julio Iglesias sabe que esto existe?) y entre los seducidos por su nosequé está Justin Bieber. El tema ha conquistado el mercado anglosajón y es también un fenómeno en Europa. Incluso en Asia. Ahora arranca 23 conciertos en Europa, 19 en España. Es número uno en 89 países, y está camino de ser el vídeo más visto de la historia. Todo por un estribillo tan pegadizo que algunos piensan que es del verano pasado. «¡Que no te maten!», le dice la maquilladora al cabo de cuatro horas de promoción mientras le regala un champú. «Esto te saca toda la grasa y toda la mierda de la cabeza», le dice antes de irse.

–Hablando de sacar cosas de la cabeza... viniendo a la entrevista, por la calle, hoy ya he escuchado «Despacito» tres veces y no es la hora de comer. ¿Qué puedo hacer?

–Disfrútela.

–Ya, pero es que ya no puedo más, no me la saco de la cabeza.

–Pues aguante, mi hermano.

–¿Tiene algún truco para sacarla?

–Pero, ¿por qué? Si es mejor volverla a oír y dejarse llevar.

–Es que me gustaría escuchar mis pensamientos un rato.

–(Ríe) Por eso la hicimos bien pegajosa.

–¿Y no tienen un antídoto?

–La música no tiene antídoto. No hay vacuna para una canción que se mete dentro.

–Pues me están entrando ganas de demandarle por allanamiento de cerebro.

–(Ríe) No, hombre, la música es para unirnos, para ser felices. Yo sé lo que es eso también. A mí se me han pegado muchas veces canciones que no logro sacar de mi sistema. Y lo único que puedo decir es gracias a quienes la escuchan.

–Sabe que la canción más exitosa también es la más odiada.

–Bueno, pero es que yo ya conocí el fracaso y esto es mejor.

–¿Le tiene miedo al fracaso?

–No, ninguno. Porque yo sé que la vida tiene altos y bajos, y mira, ahora estoy de suerte. El fracaso es tan mentiroso como el éxito.

–¿Y qué me dice del éxito? ¿Da vértigo la cima?

–Yo no estoy en la cima de nada, porque todo es efímero y cada vez más fugaz. De la cima al olvido se va rapidísimo.

–¿Qué le gusta a la gente de «Despacito»?

–No lo tengo claro y cuanto más lo hablo, menos lo sé. Creo que es un conjunto de cosas, por la letra pegajosa y por un momento que vivimos en que la gente necesita de ese escape y alegría, de unión con el prójimo. Una canción necesita mucho de un momento para que todos lo planetas se alineen. Debe tener una melodía, un estribillo, un ritmo, pero es el momento el que pone a la canción en su sitio.

–¿Cree que el tema ayuda a evadirse?

–Necesitamos ese escape, desconectarnos de la realidad, de los problemas políticos, económicos y de lo que sea. Pero yo no sé qué tiene «Despacito» para conseguirlo.

–Usted cantaba baladas románticas y se ha pasado a un tema totalmente erótico. ¿La culpa es de Daddy Yankee, que le ha pervertido?

–No. La canción la tenía escrita antes de que él llegara, o sea que más bien le pervertí yo a él. Cuando se la enseñé debió sorprenderse, seguro que pensó: «¡Muy bien, Fonsi!» (pone cara de pillo). Pero no creo que sea erótica, es más bien sugerente...

–Hombre, habla de un calentón tremendo.

–Bueno, sí, es sensual, pero no le falta al respeto a nadie.

–No, aunque sí que es un poco por qué lo llaman amor cuando quieren decir despacito.

–Sí, así es. Al final del día, eso es lo importante. Hacerlo todo bien y con gusto.

–¿Qué cosas le gusta hacer despacito?

–¡Pues todo! Aparte de lo que dice la canción, claro, creo que la vida hay que tomársela con más calma.

–¿Se aprende algo del amor cantándole?

–Yo me considero una persona romántica y a la hora de componer canciones las que más fácil se me dan son las baladas, pero eso no significa que sea un experto en el amor... Canto baladas pero, del amor, sé poco.

–Pues vaya decepción.

–No, hombre...

–Es que hay cantantes románticos que son unos donjuanes. Alguno español se me ocurre.

–Una cosa es escribir y otra la vida real, yo en el ampor siempre he sido muy tímido. Estoy casado y hace tiempo que no busco nada, pero en mi época siempre fui súper tímido. Era romántico y para mí antes era más fácil comunicarme a través de canciones que mirando a los ojos. Así que... experto no soy.

–O sea, que utilizó canciones para ligar.

–Claro. Es la única manera. ¡Y funciona! No siempre, pero me dio buen resultado.

–¿Cómo fue que Justin Bieber hiciera una versión de la canción?

–Me llamó porque le gustaba el tema. Y me pidió el permiso, la cesión, y todo se hizo muy rápido. Me ha ayudado mucho en el mercado gringo, porque nuestra canción empezaba a sonar en EE UU, pero claro, en algunas zonas. Para el americano de Oklahoma cuesta mucho más trabajo y ellos recibieron la versión de Justin Bieber de forma diferente.

–¿No son muy receptivos a las canciones en español en algunas zonas?

–Bueno, puede, pero, si te fijas, en la canción de Bieber hay 16 compases en inglés, y el resto es mi canción en español. Y con todo y eso sigue en la séptima semana número uno en el «Billboard» americano. Justin ayudó, claro, pero sigue siendo un tema en español que triunfa en todo el mundo.

–¿Y no le duele que tenga que venir un gringo y quiera esa gloria...?

–En absoluto. Al revés. Celebro que sea un estadounidense el que vino a por la canción. Le gustaba y le dio un impulso enorme. ¿Cómo me va a molestar? Lo celebro. Ya no somos los hispanohablantes los que tenemos que ir detrás de ellos. Él vino a mí. Y nos ha ayudado mucho tanto a Daddy Yankee como a mí.

–Hombre, pues ya se podía aprender bien la letra, porque ha tenido un par de deslices...

–Bueno, pero está bien: él no habla español. Si yo tengo que cantarla en francés no me quedará bien. Ojalá se la aprenda, pero déjenlo tranquilo, él no habla español.

–¿Tuvo relación con él?

–Sí, en un par de ocasiones. Y fue muy bien. Él es un chico joven que triunfa en el mundo entero y bueno, tiene su carrera. En muchas cosas está igual de sorprendido que yo por el éxito.

–Es joven y un poco veleta, ¿no?

–Mira, yo llevo 20 años de carrera y si «Despacito» hubiera sido mi primera canción, me habría vuelto insoportable. Yo entiendo lo que les pasa a muchos chicos que piensan que todo va a ser siempre así de bonito. Pero nunca pasa eso. Es muy difícil lo que ha logrado esta canción, ser número uno en el mundo. En tres meses va a ser el vídeo más visto de la historia. Esto hay que agradecerlo y celebrarlo.

–Usted es puertorriqueño pero criado en Estados Unidos. ¿Cuál es la presencia del español allí?

–Pues es que vivo en Miami y allí puedes estar perfectamente sin decir ni una sola palabra en inglés. Cierto que es Estados Unidos, pero en realidad es una capital más de Latinoamérica. Todo allí remite a Colombia, Cuba, Venezuela, España, República Dominicana, Puerto Rico... es una metrópoli compuesta de personas que hablan español. En «Despacito» los productores eran dos colombianos, el ingeniero era venezolano, la coautora, Erika Ender, es panameña, Daddy Yankee es de Puerto Rico, y el que mezcló fue un gringo, el que trabaja habitualmente para Beyoncé. Todos llevamos algo propio y nuevo, pero al mismo tiempo había una cultura que nos unía. Eso es algo especial y se siente de esa manera en Miami.

–La canción le va a llevar a lugares en los que nunca había cantado.

–Sí, como Indonesia, Tailandia, Rusia y hasta en Bombay tenemos peticiones para ir de gira. Pero también en Alemania o Francia, países con los que, culturalmente, hay una distancia muy grande. Yo lo vivo todo con una mezcla de agradecimiento y asombro.

Una persona, que debe ser su asesor, gesticula detrás de Fonsi por tercera vez. Me avisa de que mi tiempo no admite más prórrogas y que deje de hacerme el loco, como que no le veo.

–Tengo que coger un avión.

–Cosas de éxito, claro.

–Sí, ahora mi vida va más bien... rapidita.