Cierre de colegios: “¿Qué hago con mis hijos en casa? ¡Tampoco puedo acudir a mis padres!"

Preocupación entre los padres y abuelos después de que Madrid anunciara la suspensión de las clases durante 15 días

Son las nueve de la mañana y en la puerta principal del colegio Amor de Dios de Alcorcón ya hay pegado un cartel en el que se puede leer: “Estudiante universitario de 24 años se ofrece a cuidar niños en Alcorcón durante los días de cierre de colegios con la posibilidad de impartir clases particulares para no perder el ritmo del curso. Con experiencia como canguro, entrenador de fútbol y profesor de clases particulares. Contactar por WhatsApp”. Algunos ya han tomado nota del teléfono. Otros se arremolinan a la entrada para hablar del tema del día: coronavirus entre la resignación, la incertidumbre y la preocupación por buscar un “plan B” para los próximos quince días en tan sólo unas horas desde que se conoció la noticia del cierre de colegios e institutos. “Los niños están contentos, porque se ven sin colegio pero ¿y los abuelos? Somos el colectivo más vulnerable pero ahora somos los que tenemos que encargarnos de nuestros nietos porque nuestros hijos trabajan. ¿Y si no les permiten teletrabajar? ¿Y los que no tienen abuelos? Esto nos ha pillado a todos por sorpresa”, dice José María, un abuelo que ha ido a llevar a su nieto a clase.

Otra madre respira aliviada: “estoy en paro, así que, por una vez, me viene bien esta medida de la suspensión de las clases, aunque me tendré que hacer cargo de mis dos hijos y de mis sobrinos. Ahora tendremos que ver cómo se adaptan los niños a la situación porque, pasados unos días, puede que se suban por las paredes". Más complicada es la situación de Carmen, una madre del colegio Público Lisboa, situado a pocos metros del colegio Amor de Dios. Acaba de dejar a su hija en clase y se marcha a la oficina para pedir teletrabajo. “Si no me lo autorizan me cojo excedencia o vacaciones”, dice. Carmen trabaja como administrativa en una empresa de logística y su marido en unos grandes almacenes. “¿Qué hago si no me conceden teletrabajo? ¡No puedo recurrir a mis padres ni a mis suegros porque están delicados de salud”, dice angustiada. Duda de que medidas como la suspensión de las clases supongan una protección total frente al virus. “Aunque mi hijo y yo estemos en casa, si mi marido está cara al público y no lleva guantes ni mascarilla puede infectarnos a nosotros”.

Isabel, otra madre de dos hijos, es comercial de grandes cuentas y tiene ya su plan: “Me ha supuesto un cambio logístico importante en la familia porque mi marido y yo somos de fuera, no tenemos a nadie en Madrid con quien dejar a nuestros hijos de dos y cinco años, pero me he pedido teletrabajo y me voy a Extremadura a casa de mis padres y si tengo que hacer alguna reunión en Madrid tendré que venirme, pero mi marido, que trabaja en una cadena de producción se queda aquí, porque no puede pedir teletrabajo”. Isabel no tiene miedo a la epidemia “hay que ser responsable y consecuente con las medidas que se toman y colaborar un poco. A mí me parecen demasiado quince días, pero desde el punto de vista sanitario igual no es tanto, aunque chirría que se cierren los colegios pero el metro siga abierto”.