Así se blindan los hosteleros en la guerra frente al virus

Mamparas de separación e incluso drones para desinfectar. Óscar García, dueño de dos restaurantes, relata cómo se prepara el sector ante una posible reapertura

Interior del restaurante Bálamo
Interior del restaurante BálamoBálamo

Los dos restaurantes que posee Óscar García fueron de los primeros en cerrar temporalmente en Madrid. Prácticamente se adelantaron una semana al estado de alarma decretado por el Gobierno. ¿El motivo? Uno de los camareros, ya recuperado, había dado positivo por Covid-19. «Tenemos muchos clientes asiáticos. Y, ya en febrero, nos avisaron de todo lo que podía ocurrir. Nos ayudaron a ser más precavidos y a aplicar nuestro propio protocolo», afirma Óscar. Se trata de Bálamo, en Alcorcón, y Círculo Marisquería, en el distrito madrileño de Carabanchel. Son dos restaurante jóvenes, el primero con cinco años de trayectoria y el segundo con poco más de uno. Hasta hace poco más de un mes, entre ambos locales sumaban 161 empleados que servían a 7.000 comensales durante los fines de semana. Hoy, como la mayoría del sector hostelero, Óscar se ha visto obligado a recurrir a un erte ante la paralización del negocio. «El castigo está siendo tremendo. De momento, contamos 600.000 euros en pérdidas», afirma. Alquiler, proveedores... son gastos que se mantienen, pese al pequeño alivio que suponen las ayudas bancarias. Sin embargo, sí que hay algo en lo que puede trabajar de forma intensa durante estos días: la seguridad.

¿Abiertos en junio?

Y es que, a falta de saber cuándo va a decretar el Gobierno la reapertura de sus comercios, a los hosteleros no les queda otra opción que adelantarse. Son conscientes de que su modelo negocio, al menos como lo habíamos conocido hasta ahora, va a dar un giro radical. La fecha que ha dejado caer el Gobierno sobre un posible regreso en diciembre sería catastrófica no solo para ellos, sino para todos. De hecho, Óscar ha propuesto a las asociaciones del sector que planteen una posible reapertura a principios de junio. «El problema no sería ya para los restaurantes, sino para todo el país. Solo hay que hacer cuentas de lo que ingresa España en eventos, ferias, Semana Santa... Lo lógico es hablar con sentido común. Un mes más con la hostelería cerrada va a suponer muchos problemas», afirma Óscar.

Se da la casualidad de que este hostelero cuenta también con una empresa dedicada a la desinsectación, Abasota. A través de ella, ha adquirido un dron para poder desinfectar desde las alturas. «Lo han utilizado en China, pensando más en áreas exteriores. Así consigues nebulizar desde zonas más altas», dice. El producto con el que se llevaría a cabo estas nebulizaciones es el conocido como Rely+On Virkon, un potente viricida. Del mismo modo, para las zonas de los baños planean colocar dispensadores de geles desinfectantes. Y, por supuesto, no faltarán las mascarillas.

Otro de los dispositivos que muy posiblemente adquirirán será una cámara térmica, que medirá la temperatura tanto del personal como de los clientes. No son aparatos baratos: su coste puede alcanzar los 30.000 euros. «Cuando se prohibió fumar en los restaurantes, muchos hosteleros se dedicaron a llevar a cabo una importante inversión y muchos gastos, pero sin criterios claros. Lo deseable ahora es que las marcas colaboraran y que los precios fueran pactados», insiste.

También está trabajando para reducir el aforo al 50%, de forma que exista una «separación de dos metros reales» para los empleados y los comensales. En esta línea, ha contactado también con una empresa que fabrica separadores. «La mampara tiene un efecto más psicológico. El cliente tiene que acudir al local confiado, pero la responsabilidad sigue siendo nuestra».

Del mismo modo, se han interesado por la compra de tests, un gasto que asumiría la empresa aseguradora de riesgos laborales. Las cifras que se manejan sitúan su precio en unos 60 euros por cada test. «Lo más fácil para todos sería fijar un precio de cinco o seis euros por cada uno. Todos deberíamos tener facilidades para someternos a un test», opina el empresario.

Además, están analizando si seria posible que los clientes contaran con su propio código QR. De hecho, hay una aplicación china que certifica la identificación y procedencia del usuario, además de verificar que no se encuentra entre los casos sospechosos. Los protocolos de reserva también serían más rigurosos.

Hay una palabra que Óscar cree que debe marcar la pauta no solo de su sector, sino de toda la sociedad: la unidad. «No es un tema de los políticos, a los que les ha pillado todo este tema por sorpresa, sino de toda la sociedad. Nada va a ser igual que ahora. Debemos adaptarnos. Cuando hay una guerra, todo el mundo ayuda con lo que tiene y lo que puede. Ahora es el momento de unirnos todos y luchar», concluye.