¿Y si jugamos a imaginar? El museo de las Ilusiones te dice cómo

Ofrece experiencias sensoriales e imaginativas para evadirse de la realidad

Lo que el ojo no ve; o mejor dicho, una experiencia en la que las ilusiones ópticas llevan a los visitantes a lugares ignotos que invitan a pensar más con el corazón que con la cabeza. La cuestión es dejarse llevar, adentrarse en un mundo paralelo a lo que observamos todos los días para entrar en otra dimensión sensorial, una experiencia que se puede considerar un lujo que, además, está al alcance de todos los madrileños y visitantes de la capital. El Museo de las Ilusiones –es difícil encontrar una denominación más estimulante, porque invita desde su punto de partida a echar mano de una imaginación no resabiada por otros aditivos ya conocidos– invita desde el próximo lunes, y hasta el 27 de septiembre, una semana gratuita para todos los niños y niñas (de 0 a 12 años) bajo el lema «Vuelta al cole, vuelta al museo». El propósito es que, además de sus clases lectivas, encuentren un aliciente para fantasear sin límites. En este museo, con las correspondientes medidas de seguridad para que el Covid-19 sea un invitado indeseable, están permitidas todas las emociones: reír, gritar... además de correr y tomar fotos sin que un vigilante te mire de reojo. ¿Se puede pedir más?

Lo que se busca es que los padres y los menores, porque también los progenitores se enriquecerán de la propuesta aprendan de forma divertida, a la par que didáctica, lo que pasa en nuestros cerebros y otros ámbitos como la ciencia, la visión y la percepción de las cosas.

El espacio de entretenimiento experimental es uno de los más seguros e innovadores de Madrid porque ha adoptado todas las medidas para ofrecer un recorrido seguro. Lo único que hay que hacer es entrar y divertirse.

Con presencia en más de 18 países, el museo se divide en varias estancias. Hay que ir con la mente abierta porque nada es lo que parece. Vamos paso a paso. En el cuarto de Armes encontramos en una esquina a un gigante y en la otra a un enano. Hasta ahí relajación. Lo que sucede después es que los visitantes cambian de tamaño según se mueven. La distorsión entra en juego y la única opción es entrar en esa dinámica. Otra sensación se vive en el cuarto inclinado.. El mundo lo vivimos desde los pies a la cabeza... ¿Y si es al revés en un cambio de 90 grados? La percepción es distinta porque al estar boca abajo todo cambia. Es cuestión de echar mano a la imaginación para que la percepción sea placentera. Además, el museo ofrece la posibilidad de que inmortalices ese momento en Instagram y lo compartas en redes.

El cuarto infinito ofrece la posibilidad de aislarse de la cotidianeidad, tanto de adultos como de pequeños, e imaginar un mundo en que la magia y la diversión copan todo el tiempo.

Atención al cuarto antigravedad porque puede desbaratar la lógica de más de uno. Es un rompecabezas en el que el único responsable es el que lo disfruta. Primero hay un reto: cuestionar las leyes de la física, ya que el cerebro y los ojos van cada uno por su lado y mandan mensajes diferentes sobre si se está parado en una superficie plana o inclinada. No faltarán otras sensaciones al ver que las pelotas ruedan hacia arriba. La ilusión de la silla de Beuchet hará ver cómo una persona se percibe según los objetos que la rodean.

En el túnel del vórtice se vive una situación que nos aleja de la realidad: ¿Cuando fue la última vez que alguien te hizo girar tanto que sentías que no podías mantenerte en pie? El visitante vivirá esa experiencia, aunque la realidad es que el puente no se mueve. Lo que ocurre es que no se puede controlar la reacción del cuerpo. En definitiva, es una invitación a romper con lo preestablecido.

Dónde Doctor Cortezo, 8

Cuánto Gratis

Cuándo Del 21 al 27 de septiembre para los menores