Pajes reales adoptivos para 37 niños sin regalos de Moratalaz

En la Parroquia Ntra. Sra. de la Merced los feligreses reciben el encargo de Los Reyes y Papá Noel para ayudarles con los regalos

Un equipo de Cáritas, de la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced en el distrito de Moratalaz en Madrid trabaja en un plan de voluntariado con familias de acogida para hacer llegar a los niños esta Navidad Regalos de Reyes así como una cesta de productos navideños.
Un equipo de Cáritas, de la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced en el distrito de Moratalaz en Madrid trabaja en un plan de voluntariado con familias de acogida para hacer llegar a los niños esta Navidad Regalos de Reyes así como una cesta de productos navideños.Alberto R. RoldánLa Razón

Esto podría ser un cuento de Navidad si no fuese porque ni está dulcificado por la inventiva ni por una quimera adornada que prioriza los buenos propósitos por los hechos que van a hacer felices a 37 niños cuya situación vital es precaria. En la Parroquia Ntra. Sra. de la Merced, en Moratalaz, –«un barrio de población de clase media y baja», como dice Cristina Estrada, una de los diez voluntarios de Cáritas en el templo– decidieron lanzarles una propuesta a los feligreses que la han cogido al vuelo: ser intermediarios de Papá Noel y los Reyes Magos para que ningún crío, desde que son recién nacidos y hasta los diez años, se quede sin un juguete. Sin embargo, ni se planifica al tun tun ni se improvisa a causa de un pálpito solidario que no lleva a ningún sitio, como sucedía en la película «Plácido» (1961), de Berlanga, una de los filmes más irónicos sobre la caridad mal entendida cuyo lema era «siente a un pobre en su mesa».

Los voluntarios de Cáritas son realistas, con los pies bien plantados sobre la tierra y familiarizados con la realidad de su entorno. Para empezar, desechan los juguetes usados «porque las personas envían lo que ya no quieren»; después, y dado que la parroquia acoge a familias de múltiples culturas y nacionalidades, a los que quieren colaborar se les facilita el nombre, el sexo y la edad de los niños. Con lo del sexo que nadie se lleve las manos a la cabeza, ya que algún mal pensado pueda barruntar que sea discriminatorio. Es mucho más sencillo: «Hay muchos nombres de críos de familias sirias, mauritanas o magrebíes que es difícil saber en nuestro idioma si corresponden a un niño o a una niña», explica Estrada. Algo similar sucede con la edad, «es un indicativo para que seleccionen un producto adecuado a su edad. Hay que gestionarlo bien, porque en ocasiones nos hemos encontrado con treinta locomotoras y ningún sonajero». Sobre el precio, ninguna sugerencia porque «quien quiera gastarse lo que quiera en una ’'PlayStation’' pues allá él, y el que opte por su situación económica por unos calcetines, igual. Todos son valiosos».

En ocasiones, también se dan casos que pellizcan el corazón, como cuenta Estrada. «Atendemos a una familia gitana que tiene un nieto empadronado con ellos y recibió su juguete. Después, nos comentaron que el niño tenía un primo de seis años, fuera de este núcleo familiar, que lloró porque él no había recibido nada. Este año, ha venido la abuela y tendrá su regalo. Somos flexibles, sucede algo parecido con el límite de edad, que está en diez años. Si tiene un hermano de once... ¿cómo no va a recibir el suyo? No podemos consentir esas diferencias».

Son personas anónimas que se convierten por un día en los duendes de Papa Noel y pajes de los Reyes Magos y no conocerán a sus benefactores. Por respeto a la intimidad de cada cual y porque el afán de protagonismo está de más. En este caso no se trata de ponerse medallas. Se les entrega a los familiares «y ellos deciden si lo reciben en Nochebuena o en Reyes».

Los chavales únicamente reciben un regalo «para no fomentar el consumismo. Todos conocemos casos de niños que reciben muchos y al final lo que más les divierte es jugar con las cajas y los envoltorios porque luego no le hacen caso a ninguno».

La iniciativa ha sido un éxito y agradecen a los feligreses «que se tomen la molestia de ir a un comercio. Les gusta ir a comprarlo en vez de aportar dinero». El cupo ya está cubierto para los 37 infantes, pero las personas siguen llamando para colaborar. «Y pueden, pero de otra forma: aportando recursos para otras necesidades».

Los mayores no se quedarán sin su obsequio. Ya es una tradición que en la Parroquia Ntra. Sra. de la Merced reciban una cesta navideña con los artículos típicos de estas fechas: «turrones, peladillas, mazapanes...». Solo faltará este año la tradicional fiesta en la que se reúnen todos para no dar alas a la pandemia. «Por responsabilidad de todos, les vamos dando turnos para que no coincida mucha gente».