Toros

El torero madrileño que nació en la Venta del Batán y que «resucitará» en una plaza

Daniel Menés dio sus primeros pasos con un capote y una montera. Hace dos años los médicos le dijeron que debía dejarlo. Ahora llega su gran momento: tomará la alternativa en Madridejos el día 15

Daniel Menes, en la Venta del Batán, donde nació y se crió
Daniel Menes, en la Venta del Batán, donde nació y se crióCipriano Pastrano DelgadoLa Raz—n

Tomar la alternativa. Nuestro idioma es tan rico en modismos taurinos que los utilizamos por mera inercia, sin pararnos a pensar en lo que significan. Para un torero, es mucho más que una frase hecha: el momento cumbre en el que pasa de novillero a matador. «Es como doctorarse para un universitario. Llegar al final de la formación de una carrera. Será un día muy bonito y especial en mi vida», explica Daniel Menés a LA RAZÓN. En su caso, a este joven espada, madrileño de 24 años, le llegará su momento cumbre el próximo 15 de septiembre en Madridejos (Toledo), durante las fiestas en honor al Cristo del Pardo. Se trata de un cartel con juventud y futuro. Su padrino será su buen amigo Raúl Rivera, mientras que Álvaro Lorenzo ejercerá de testigo. Daniel lidiará los toros de Alcurrucén, en una plaza que estará todo lo repleta que puede estar en estos tiempos de crisis sanitaria: al 50 por ciento de su aforo, tal y como dictó el Gobierno regional el pasado mes de julio.

Siendo un día clave en la biografía de todo matador, en el caso de Daniel supondrá algo más: su reaparición en nuestro país después de casi dos años de ausencia. Porque, en realidad, lo verdaderamente inesperado es que Daniel pueda volver a los ruedos. Los médicos fueron sinceros con él: nunca más iba a volver a ponerse delante de un toro. En septiembre de 2019, durante un certamen celebrado en Arnedo (La Rioja), en la misma plaza donde cinco años antes había salido triunfador, sufrió una cornada de dos trayectorias en el muslo derecho: una le atravesó la pierna de lado a lado, mientras que otra le afectó a la rodilla, el gemelo, los tendones y el nervio ciático. Precisamente, el dolor que sufría en esta última zona era la que le incapacitaba no solo para torear, sino para llevar a cabo una vida normal. «Fueron seis meses y medio sin poder andar. No podía salir de la cama. Si lo hacía, un latigazo me recorría desde el dedo pequeño del pie hasta la cabeza», recuerda. Le hicieron múltiples pruebas y sopesaron el volver a operarle. Las previsiones apuntaban a una retirada prematura.

Todo cambió con su viaje a México, en diciembre del año pasado. Confiesa que viajó hasta el país con la intención de pasar poco más de nueve días y que acabó residiendo por espacio de seis meses. «Joselito, íntimo amigo mío, me obligó a quedarme allí. Fueron momentos muy duros. Estaba tan deprimido y me vio tan mal que me ayudó a ponerme a punto para que, un día, pudiera tomar la alternativa”, recuerda. Tuvo su reaparición el pasado 17 de enero, en el estado de Aguascalientes. Solo por eso, llevará siempre al país azteca y a sus amigos en el corazón. «Gracias a Dios, la vida me está dando recompensas», dice Daniel. «Después de la depresión que sufrí, si me dicen que me iba a estar preparando ahora para el día más especial de mi vida, no me lo hubiera creído. De hecho, me eché a llorar el día que me confirmaron que iba a tomar la alternativa en Madridejos», añade.

Daniel Menés puede decir bien alto que nació torero. En un sentido literal: su madre dio a luz en la mismísima Venta del Batán, donde se encontraba la escuela taurina. Su padre, el banderillero Iluminado Menés, fue mayoral de la escuela Marcial Lalanda desde que se retiró de las plazas. Un 4 de noviembre de 1996, su madre se encontraba en la escuela y se puso de parto, sin tiempo para acudir al hospital. «Seguramente, el haber nacido allí tiene algo de magia», dice el joven.

Sin presiones familiares

En su caso, puede presumir de llevar los toros en las venas. «Desde que tengo uso de razón, tengo un capote y una muleta en la mano». Y eso que, pese a proceder de una familia taurina, su padre «nunca me obligó, ni quiso inculcarme el mundo del toro a fuego. Tengo tres hermanos más y ninguno torea. De hecho, siempre me puso las cosas claras: si no destacas, es mejor dejarlo». Pero Daniel corrió ese riesgo. En Batán dio sus primeros pasos, como persona y torero. Empezó con becerradas, triunfó en varios certámenes, salió como alumno destacado, toreó en plazas como Málaga, Bilbao, Logroño, Colmejar Viejo... Y así, hasta que el 3 de julio de 2016 se presentó en la plaza de toros de Las Ventas, con novillos de Sepúlveda de Yeltes, a los que le pudo cortar un apéndice. Volvería a la Monumental menos de un año después, donde logró dar una vuelta al ruedo.

¿Era más «fácil», entre comillas, ser torero en tiempos de su padre que en los actuales? ¿Había antes mayor comprensión con el mundo del toreo y menos resistencia? Daniel no lo ve así. «Hay más gente joven que va a los toros ahora que hace quince años. Hubo un momento en que los antitaurinos lo pusieron difícil. Pero creo que el viento sopla ahora a nuestro favor», afirma. En todo caso, es consciente de que, «algún día, el mundo del toro se acabará, pero no será por los antitaurinos: será porque la gente deje de asistir a la plaza. Ahora, los tendidos están casi llenos. Y este arte se sustenta gracias a la gente que pasa por taquilla. Cuando no cuadren las cuentas, desaparecerán. Yo creo que al menos 50 años de toros nos quedan aún», aventura. Por otro lado, hablamos de una fiesta que, si bien está protegida como bien de interés cultural en la Comunidad de Madrid, la crisis económica derivada de la pandemia ha provocado que no pase por su mejor momento. Sobre todo porque los toros «son un espectáculo caro».

Su amigo Víctor

En todo caso, si algo ha aprendido Daniel de su experiencia es la de disfrutar de momentos ilusionantes como el presente, sin mirar al futuro y mucho menos al pasado. El día 15 no solo recibirá el apoyo del municipio de Madridejos. También de su padre, que lo ha pasado incluso peor que él durante aquel calvario tras la cornada. «Seguro que ese día se emocionará. Él no pudo ser matador. Y el hecho de que yo lo consiga, es como si lo hubiera conseguido también de él».

Además, Daniel espera la presencia de alguien muy especial: Víctor Barrio, el torero segoviano fallecido tras recibir una cornada en Teruel hace ahora cinco años. Fue la primera muerte de un matador en nuestro país en más de tres décadas. Los anteriores fueron José Cubero «El Yiyo» en 1985 y Francisco Rivera «Paquirri» en 1984. «Víctor y yo éramos como hermanos. Estoy seguro de que, ese día, también estará vestido de luces».

Ayuntamiento y Comunidad firmaron un acuerdo para reabrir la escuela FOTO: Cipriano Pastrano Delgado La Raz—n

Una escuela que volverá a resurgir

Dentro de su política de apoyo y fomento a la tauromaquia, el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid acordaron el pasado año que la Venta del Batán albergue la Escuela de Tauromaquia de Madrid. Y es que, a día de hoy, los alumnos de la escuela taurina José Cubero «El Yiyo» ejercen sus prácticas en la Monumental de Las Ventas. Tal y como recordó en su momento la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, el anterior equipo de Gobierno de Ahora Madrid, con Manuela Carmena al frente, cerró la escuela de Marcial Lalanda, motivo que llevó al actual Ayuntamiento a crear el centro José Cubero. La anterior alcaldesa decidió extinguir el contrato de las clases, después de más de cincuenta años de actividad. La decisión provocó manifestaciones en contra por parte del mundo del toro.