Sánchez abre la "vía navarra"de Bildu: Otegi decide el Gobierno

El PSOE logra un acuerdo con Geroa Bai y Podemos para presidir la región, que deberá ser avalado con la abstención de los abertzales. El presidente ensaya así una fórmula extrapolable a su propia investidura, con la connivencia de ERC.

El PSOE logra un acuerdo con Geroa Bai y Podemos para presidir la región, que deberá ser avalado con la abstención de los abertzales. El presidente ensaya así una fórmula extrapolable a su propia investidura, con la connivencia de ERC.

La «vía navarra» ha resultado ser la «vía independentista». Los socialistas cerraron ayer un acuerdo con Geroa Bai, Podemos e Izquierda Unida para que María Chivite presida la Comunidad Foral, un acuerdo que –con la calculadora en la mano– es insuficiente y requiere de forma imprescindible que EH Bildu lo avale con su abstención. Aunque desde la filas del PSOE y de Moncloa se resuelva que «no se ha negociado nada, en absoluto, con los independentistas», desde ambas esferas ya modulan su discurso para blanquear los apoyos de unos socios que hace escasas fechas denominaban como «espurios» y rechazaban abiertamente. Ahora, la consigna es pregonar la autonomía y legitimidad de la candidata del PSN para ahormar un gobierno de progreso en Navarra y se introduce una nueva variable: la abstención ni es un apoyo ni supone dependencia alguna.

No obstante, Chivite ha tenido que hacer cesiones para avanzar hacia su investidura y, aunque ha querido dejar claro que el acuerdo es respetuoso con la Constitución y con el Amejoramiento del Fuero, el estatuto de autonomía de Navarra; lo cierto es que también se ejercita «un reconocimiento a la pluralidad», lo que supondría un favorecimiento del euskera. Sin embargo, este pacto solo le otorga a la socialista 23 apoyos de los 50 diputados que componen el Parlamento navarro, por lo que la viabilidad de su candidatura quedará en manos de Bildu. Chivite quiso ayer restar importancia a esta eventualidad, señalando que no depende de ella que la formación abertzale se acabe absteniendo y aseguró haber hablado con la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, y contar con el beneplácito tanto de Moncloa como de Ferraz para esta empresa.

Y lo cierto es que desde la mesa del Consejo de Ministros también se intenta dotar de normalidad al hecho de que los independentistas sean decisivos y se cuente con sus votos para poner en marcha la legislatura. Ni siquiera tras la entrevista de Arnaldo Otegi en el Canal 24 horas, Moncloa quiso rechazar los apoyos de Bildu. Esto, a pesar de que Sánchez recordara el jueves en una entrevista en Telecinco que «España no puede depender de los soberanistas para la gobernabilidad». Recuperaba uno de sus mantras durante la campaña del 28 de abril: que estos partidos «no son de fiar» porque ya hicieron caer al Gobierno al votar en contra de los Presupuestos. Sin embargo, ayer la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, quiso volver sobre las palabras de su jefe para puntualizar dos extremos: lo que significa la palabra «depender» y dejar claro que esto solo afecta a la gobernabilidad y no a la investidura. «La abstención de ERC no es depender de ERC», aclaró Celaá, validando sus votos para que Sánchez sea investido.

La portavoz gubernamental se explayó ampliamente sobre que la esencia de la política es el diálogo y «hablar desde posiciones bien discrepantes». «Va a llegar un momento en el que no se va a poder hacer política, que no se va a poder hablar con nadie», lamentó, al tiempo que lanzó un dardo a Ciudadanos, señalando que el partido de Albert Rivera no quiere hablar con el PSOE, ni con ERC, JxCat, Bildu o Vox. «Solo quiere hablar con el PP», dijo en tono jocoso.

Desde Moncloa se vuelve a recordar que los votos de Bildu son legales, porque los obtuvo en unas elecciones a las que se les permitió concurrir de acuerdo a la legalidad. «No se puede negar la realidad y es que hay 350 diputados y algunos son independentistas y administran sus votos como consideran». En todo caso, Celaá dejó claro que el PSN no ha negociado con Bildu y puso énfasis en señalar la importancia del «verbo depender», cuando Sánchez dice que no quiere depender de los independentistas. Una dependencia que, en su opinión, no pasa por aceptar sus votos para la investidura, si durante la gobernabilidad se tiene margen para pactar políticas con otros partidos que no hagan decisivos a los soberanistas.

Pide «movimientos» a Iglesias

Los votos de los secesionistas solo serán decisivos en la investidura de Sánchez, en caso de que el candidato socialista sea capaz de alcanzar un acuerdo con Unidas Podemos antes del 25 de julio. Por si se diera el caso contrario, en Moncloa ya argumentan que los tres meses de parálisis que lleva el país, con un gobierno en funciones «no es un tiempo alarmante si lo comparamos con otros países del entorno». Y aunque argumentan que «no queremos jugar con segundas coyunturas electorales», las posiciones con Pablo Iglesias siguen aún alejadas. En el Gobierno aseguran que «no tenemos el mismo modelo de país» y piden a los morados que hagan «algún movimiento» para acercar posturas de cara a la reunión que celebrarán Sánchez y el líder de Podemos el próximo martes en el Congreso. Desde Moncloa se sigue negando la posibilidad de que la formación tenga cabida en el Consejo de Ministros, aunque se les ofrezca la posibilidad de proponer perfiles independientes para detentar las carteras. Estos independientes tendrán más peso del actual en el futuro Gabinete, según reconoció el propio Sánchez. Sin embargo, en Podemos siguen enrocados e Irene Montero compareció ayer para asegurar que sus 42 diputados son «independientes del Ibex y de los poderosos», en alusión a que su única propuesta será de miembros del partido. El PSOE pide «dejar espacio» al apoyo de otros partidos y pide a PP y Ciudadanos que se abstengan por «responsabilidad y sentido de Estado».