Hidrógeno

En la transición ecológica europea, el cambio de modelo energético es la clave: sustituir los combustibles de origen fósil (carbón, petróleo y gas natural), por energías renovables. Lo que significa la asociación de nuevo, de forma masiva, al agua (hidroelectricidad), al viento (eólica), al sol (fotovoltaicas y termosolar) y a los residuos más adecuados (biomasa). Pero además, tenemos un combustible único, el hidrógeno, el elemento más abundante del universo y del que se alimenta de nuestro Sol. El hidrógeno (H) es un magnífico combustible, que no deja ninguna clase de residuos, siempre que la electrolisis para obtenerlo se haya practicado con energías renovables, de lo que resulta, precisamente, el «hidrógeno verde», a utilizar en el futuro, cuando ya el peligro de explosión, antes tan temido, ha sido felizmente resuelto para las aplicaciones energéticas. Muchas más cosas podrían decirse del hidrógeno, recurriendo, entre otros, a Jeremy Rifkin y su célebre libro sobre la economía de este elemento. Y, en ese sentido, cabe decir que la Unión Europea ya ha tomado conciencia, planteando un uso masivo del hidrógeno para la transición energética.

De ahí que, siguiendo las iniciativas europeas, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico abriera el proceso de consulta previo sobre la estrategia de almacenamiento y la hoja de ruta del hidrógeno renovable en España. Dos documentos indispensables para alcanzar los objetivos fijados en el «Plan Nacional Integrado de Energía y Clima» (PNIEC) 2021-2030.

De modo que, con base en los resultados de esa consulta, precisamente el miércoles pasado, el 29 de julio, el Gobierno lanzó su plan para el uso del hidrógeno renovable. Con cincuenta y seis medidas de marco regulatorio, y un objetivo de producción de 4 GW de potencia instalada de electrolisis, aproximadamente el 10 por 100 de lo marcado por la Comisión Europea para el conjunto de la UE.