El vórtice polar se calienta 50º en horas

Los fenómenos acusados parecen sobreponerse estos meses. Escasos días después de la llegada de la borrasca Filomena, los científicos han verificado una subida de la temperatura de 50 grados en el vórtice polar. Este evento en estas capas más altas de la atmósfera, aunque habitual, parece haberse intensificado este año y hace prever que el resto del invierno será extremadamente frío en el hemisferio norte

El año 2020 se cerró con una temperatura media 1,25ºC por encima de la de la era preindustrial, una cifra que iguala el récord anterior de 2016. Es más, 2011-20 fue la más cálida jamás registrada. Todo esto indica que el calentamiento se está acelerando
El año 2020 se cerró con una temperatura media 1,25ºC por encima de la de la era preindustrial, una cifra que iguala el récord anterior de 2016. Es más, 2011-20 fue la más cálida jamás registrada. Todo esto indica que el calentamiento se está acelerando

Mientras Filomena dejaba una capa de nieve como nunca en 50 años en el centro peninsular, otro evento se producía en las capas altas de la atmósfera. El 4 de enero, los científicos detectaban un calentamiento repentino estratosférico (CRE) sobre el casquete polar ártico. La temperatura pasó de -69 a -13 grados en pocas horas. «Como consecuencia, el vórtice polar estratosférico se rompía en dos», explica en un reportaje el Washington Post. Pero, ¿qué es ese vórtice y cómo nos afecta?

La atmósfera de nuestro planeta tiene varias capas distintas. Todos los fenómenos meteorológicos que observamos (incluida Filomena) ocurren en la parte baja de la misma, la llamada troposfera. «Esta alcanza unos 10 km de altitud sobre las regiones polares y hasta unos 18 km sobre los trópicos. Encima está la estratosfera, de unos 30 km de espesor (contiene, por ejemplo, la capa de ozono). Una de sus características más interesantes es la existencia de una circulación ciclónica persistente de larga escala sobre los polos», explica Sergio Henrique Faria, profesor en el Centro Vasco de Cambio Climático.

Pues bien, «el vórtice es como un cinturón; una peonza donde giran vientos fríos del oeste, y que están rodeados y aislados de viento más caliente del exterior. Cuando llega aire caliente de la troposfera se produce una perturbación del vórtice que lo desestabiliza. Es parte de la variabilidad natural del sistema y ocurre normalmente durante el invierno. Sin embargo, a veces tiene consecuencias en capas más bajas de la atmósfera, modificando el clima y provocando una bajada de las temperaturas dos semanas después y hasta dos meses más tarde de que se produzca», detalla Froila M. Palmeiro, investigadora postdoctoral del grupo de Meteorología de la Universidad de Barcelona.

«Cuando el vórtice se debilita, el aire de la estratosfera colapsa y causa un calentamiento de varias decenas de grados. Durante ese proceso el vórtice puede moverse fuera del polo o incluso dividirse en pedazos más pequemás matiza Faria. Los científicos afirman que estos eventos se producen de forma habitual, unas 6-7 veces por década. De hecho, las estadísticas recuerdan otros episodios pasados de frío intenso y nieves o fuertes lluvias. Por ejemplo, cita el diario americano, en el año 2013-14 Chicago se convirtió en «Chiberia» y hubo nevadas intensas de Washington a Boston. Sin embargo, no hace falta irse tan lejos. Ha habido eventos similares en 2009-10 o en 2018. A este último se le bautizó como la bestia del Este y marcó récords de frío en Europa. «Las lluvias intensas y nevadas del invierno de 2018 se relacionan con este calentamiento súbito. El vórtice normalmente está encima del polo, pero debido a la actual perturbación se ha desplazado hacia las latitudes medidas, y con él se han desplazado también en la troposfera hacia latitudes más bajas de lo habitual el aire frío polar y la corriente en chorro polar atlántica, haciendo que las borrascas afecten con mayor frecuencia a la Península Ibérica», confirma José Mª Sánchez-Laulhé Ollero, director del Centro Meteorológico de Aemet de Málaga.

¿Qué provoca esta entrada repentina de aire caliente de la troposfera en estas capas más alta de la estratosfera? Sobre todo porque la de este año parece ser particularmente intensa. «Las causas de esa debilidad repentina son múltiples, desde ondas planetarias y teleconexiones estratosféricas hasta grandes erupciones volcánicas. Por razones de la circulación atmosférica y los mecanismos de transferencia vertical de energía en la atmósfera», continúa Faria. Sánchez-Laulhé, desde la Aemet, apunta una de las posibilidades que barajan los científicos para explicar el evento de este año: la falta de hielo marino en el Ártico.

Los investigadores están estudiando esta posibilidad, según informa National Geographic. «En los últimos 30 años, el Ártico se ha calentado a casi el doble de velocidad que el resto del mundo, un fenómeno que se denomina amplificación ártica. El calentamiento ya ha provocado el retroceso retroceso de los glaciares y la pérdida de banquisa en la región, y también podría desestabilizar el vórtice polar estratosférico, aunque los científicos todavía no están seguros de ese vínculo», afirma la revista.

UNA GRAN DESCONOCIDA

Lo cierto es que todavía no está claro cómo se relacionan esas dos capas atmosféricas ni la interacción entre las perturbaciones de la estratosfera y los fenómenos meteorológicos en la troposfera. «La ciencia sabe cómo funciona la conexión de troposfera a estratosfera, esa transferencia de calor de abajo arriba que produce estos eventos, pero al revés no sabemos bien cómo funciona. Un reciente estudio dice que hay un 10% de la meteorología de la troposfera que viene de la estratosfera. Los fenómenos de calentamiento súbito suelen estar asociados luego con tormentas y eventos de frío extremo en latitudes medias como la europea. Sin embargo, en 2019 hubo un evento de calentamiento, pero no hubo impacto meteorológico. Este año esperamos que sí haya consecuencias meteorológicas, porque hay señales de que está habiendo transmisión entre estratosfera y troposfera. Si se mantiene así, las temperaturas bajarán y habrá más tormentas en la Península», puntualiza Palmeiro.

«Se está investigando mucho, porque estos calentamientos están ligados a una fenómenos extremos invernales en Norteamérica, Europa y el Este de Asia. El que afecte a una zona u otra parece depender de cómo evolucione el evento, principalmente de que ese vórtice se desplace o se rompa en dos. Los cambios de circulación que provocan en la troposfera con un retraso de un par de semanas tienen una duración relativamente larga, por lo que son una oportunidad para hacer predicciones fiables del tiempo más allá de lo habitual. También producen fenómenos extremos casi sin retardo como lo ocurrido con las históricas nevadas de la Península de estos días casi en fase con el calentamiento repentino», dice Sánchez-Laulhé.

La ciencia tampoco tiene tan claro que estos eventos habituales en la estratosfera estén influenciados por el cambio climático. «En este momento no hay evidencia clara de que se tornen más o menoshabitualesenlaspróximas décadas. Eso es aún un tema de investigación», afirma Faira. «No se sabe si el cambio climático va a producir más eventos de este tipo. Las estadísticas dicen que son habituales, pero faltan estudios.

La estratosfera guarda todavía algunos secretos, ya que la ciencia cuenta con datos fiables desde los 80 cuando se integran los satélites en el estudio. Históricamente se ha puesto más esfuerzo en estudiar la troposfera, porque es donde suceden los anticiclones y las borrascas. Es donde las cosas están más claras, aunque sea una capa más turbulenta», opina Palmeiro. La investigadora recuerda que no hay que confundir clima con meteo. Su diferencia es la escala temporal. El cambio climático es un calentamiento generalizado durante años, que se mide en valores anuales.

CAMBIO CLIMÁTICO

El hecho de que la estratosfera todavía resulte compleja o que no se sepa muy bien cómo se comunican ambas capas, no resta rotundidad al cambio climático, cuyas consecuencias resultan más que evidentes en la troposfera. El aumento de la frecuencia de fenómenos extremos como Filomena vienen a confirmar que la atmósfera se está volviendo cada vez más inestable. «A medida que el planeta se calienta por causa del efecto invernadero, es natural que las variaciones climáticas se tornen más frecuentes y acentuadas, pues aumenta la energía almacenada en la atmósfera en forma de calor. Todas las evidencias que tenemos, por observaciones o modelos físicos, apuntan a un clima con más extremos, tanto en la frecuencia como en la intensidad de los eventos extremos, a la medida que la temperatura global aumenta. Con respeto al vórtice polar, como ya he comentado anteriormente, no hay evidencias claras de una tendencia de aumento o reducción en la frecuencia o intensidad. Sin embargo, el calentamiento global y en particular el calentamiento amplificado del Ártico tiende a debilitar el vórtice, lo que podría facilitar los eventos extremos de desprendimiento de frentes frías del Ártico», concluye Faria.