El pago por suscripción se afianza como forma de compra

La economía del alquiler se está imponiendo en muchos sectores, desde los electrodomésticos a la ropa. La preocupación medioambiental, y no solo el precio, está detrás de esta alternativa, que solo es efectiva para el planeta si reducen el consumo

Durante la pandemia los productos de segunda mano más venidos han sido los de hogar, jardín, telefonía y bicicletas
Durante la pandemia los productos de segunda mano más venidos han sido los de hogar, jardín, telefonía y bicicletas FOTO: Dreamstime

Cuenta el New York Times en un reciente reportaje que durante 2021 se han vendido cuatro veces más tops cortos que en 2019. Además, entre mujeres de más de 35 años la demanda se triplicó. Quien da los datos es un ejecutiva de «Rent the runway», una plataforma de alquiler de ropa fundada en 2009 que ha vivido un auténtico boom de ventas desde el estallido de la pandemia. Mientras muchas tiendas iban echando el cierre a pie de calle, esta web aumentaba sus suscriptores activos hasta un 92%. «Lo que no hemos visto en 13 años de actividad », decía su porta voz al periódico. Lo que relata este tabloide refleja algunos de los cambios en nuestros hábitos de consumo durante los últimos tiempos. No sólo hemos dado preferencia a nuevos productos (el ocio ha subido y las ventas de coches nuevos bajaron durante meses ), sino ala forma de consumir. Sobre todo entre los millenilas y la llamada Generación Z, que se preocupan más por el medio ambiente y por conseguir productos a un mejor precio.

«Rent the runway» es una de esas plataformas de pago por suscripción, también conocidas como armarios en la nube. Desde la web se puede alquilar ropa y accesorios de segunda mano, como bolsos y joyas de más de 750 marcas de diseñadores. «La clave de su éxito consiste en que han analizado lo que se gastan de media en un mes los chicos en tiendas de fastfash ion comoWalmarty han sacado una tarifa mensual que resulta competitiva », explica Brenda Chávez, autor a del libro «Al borde de un ataque de compras» y periodista especializada en consumo responsable.

El tamaño del mercado de ropa de alquiler de EE UU cuenta ya con unos ingresos de unos 1.200 millones de dólares al año. Además, se espera que a nivel mundial, este negocio de la ropa usada se duplique, hasta superar los 77.000 millones de euros, en 2025. Así lo afirma la consultora ThredUP que con sus datos también prevé que el volumen de negocio del usado sea dos veces superior al de la llamada fast fashion para 2030. Una buena noticia si se tiene en cuenta que la ropa usada reduce la huella de carbono hasta un 82% respecto a las prendas nuevas, según dice la consultora.

Podría parecer que la cosa tiene que ver solo con los millenials y la ropa barata, pero hay otros datos que indican que esta tendencia también está calando en otros sectores de la sociedad. Otra consultora, Bain and Company, concluye en un reciente estudio de 2021 que para las marcas de lujo, el alquiler podría representar el 10% de los ingresos para 2030. «Cuando un artículo se alquila 20 veces, por ejemplo, genera un margen de beneficio de más del 40%», resalta el informe.

Pagar por lavar

La reutilización es uno de los pilares de la llamada Economía Circular. Supone un ahorro de residuos, menos consumo de energía, agua y materias primas. Hasta Anna Wintour, la archiconocida editora de Vogue ha salido en defensa de comprar menos y de forma más responsable diciendo que la moda desechable está out. De hecho, la consultora Mckinsey calcula que con estas fórmulas de pago por suscripción o la venta de segunda mano, la industria podría reducir alrededor de 143 millones de toneladas de CO2 durante esta década. Hay que recordar que cada año se fabrican unas 80.000 millones de prendas de los que el 85% termina en vertedero.

Sin embargo, más allá de la moda la llamada economía por acceso o pago por suscripción se está extendiendo a todos los ámbitos de la vida cotidiana. Aparte de a plataformas de contenido multimedia, cualquiera puede suscribirse a un vehículos durante unos meses o usar una lavadora y devolverla cuando ya no se necesite con un solo click del ratón .« Se ha hecho muy popular también entre las empresas y los autónomos, para los que se ha transformado en un canal de venta. Sobre todo es una fórmula que se ha extendido en el ámbito digital y en el sector servicios. Por ejemplo, muchos creadores musicales encuentran a su propio público y hacen canciones o conciertos para ellos. Resulta todo más exclusivo y cercano al cliente. También hay marcas, algunas de electrodomésticos, que

algunos de los productos de sus gamas altas. Esto tiene sentido en casos de personas que viajan mucho y residen en una ciudad solo durante una temporada o para pisos de estudiantes. Una vez terminado el contrato, la marca puede volver a aprovecharlos. Da juego a modelos de Economía Circular para ciertos productos quede otra forma se convertirían directamente en residuo “» explica Ana Isabel Jiménez Zarco, profesora de Estudios de Economía y Empresa de la UOC.

¿Puede ser una buena forma de contener el uso de recursos, sobre todo si tenemos en cuenta que necesitamos 1,7 planetas Tierra para satisfacer la demanda de consumo? Chávez considera que hay que tener cuidado con estas propuestas. «Es una forma más “cool” de llamar al alquiler de toda la vida. Teóricamente este tipo de servicios permite optimizar los artículos existentes en el caso de productos físicos (tecnología, moda) y emplear mejor los recursos terrestres (energía, materias, agua, etc) empleados en ellos. En la práctica, muchos de estos modelos si crecen y se escalan a millones de personas consumidoras globalmente, suponen también un impacto ambiental importante, porque los modelos de negocio sostenibles, cuando se vuelven inmensos y global es, a menudo deja de serlo. Por lo que este tipo de opciones son interesantes siempre que nos ayuden a decrecer en el consumo, y optimizarlo, no a aumentarlo aún más, con más opciones de consumo», opina la autor a. Es decir, que no siempre es garantía de reducción de consumo, amén de que uno de los inconvenientes que plantea, es para muchos, el hecho de que el cliente no termine nunca de pagar.

En cualquier caso, la forma de comprar está cambiando. Según la consultora KPMG, dos tercios de los consumidores están más dispuestos a pagar a las empresas que consideran responsables. También apuesta n cada vez más por el mercado de segunda mano. Una reciente encuesta de la empresa W al la pop así lo afirma que una de cada cinco personas gastará más en productos de segunda mano que en artículos nuevos en los próximos cinco años.

Sin embargo, nunca hay que olvidar que el consumo responsable empiezan antes de hacer click. La receta se basa en «comprar poco, sólo lo necesario( porque igual podemos alquilar, pedir prestado, etc.). Y si vamos a adquirir algo nuevo, elegir productos con el menor impacto ambiental y social: preguntar nos cómo se ha hecho, dónde, por quién y en qué condiciones. Y si es tecnología, asegurarnos de que se podrá reparar. Si nos deshacemos de artículos que aún pueden tener otra vida (ropa, juguetes, aparatos), donarlos a quien los necesite, o revenderlos, lo que sea antes de que acaben en un vertedero», detalla Chávez. Y si una vez ya se ha tomado la decisión de comprar, se apuesta por el mercado de segundo mano se estarán reduciendo emisiones. En 2020 la compra venta de segunda mano ahorró en España en CO2 el equivalente a dejar Madrid sin tráfico durante siete meses, dice un informe realizado por la plataforma Milanuncios.

Consumir para luchar contra el cambio

El 45% de los desperdicios alimentarios los generamos los consumidores finales. «Cada año 1,3 millones de toneladas de comida acaban en la basura. Solo con entender las diferencias entre una y otro se puede planificar la compra de otra forma. En Navidad se hace un gasto excesivo en productos de comer y luego no tenemos donde almacenarlo o se acaba tirando. Hacer una lista de la compra y mirar lo que hay en la nevera o en los armarios nos puede ayudar a gestionar mejor o no comprar demasiado», dice María Isabel Silva, técnica superior en Procesos y Calidad en la Industria Alimentaria.

Ella es una de los 65 españoles que de forma voluntaria participan como Embajadores del Pacto Climático. La Comisión Europa decidió apostar por esta iniciativa y promover la participación de organizaciones y personas de los países miembros para ayudar a la construcción de una Europa más verde que movilice e inspire a sus ciudadanos.

Entre los más jóvenes del grupo, formado por perfiles profesionales de lo más diverso, se encuentran Sandro Lasnier, un activista de 16 años o Lidia Martín, emprendedora en la industria de la moda. Ellos han querido compartir algunos de sus trucos para hacer más fácil la apuesta por un consumo responsable: «Lo primero que hay que hacer es pensar si necesitamos o no lo que vamos a comprar y luego apostar por productos locales y de calidad. La clave es no consumir tanto y hacerlo mejor, de forma inteligente y no compulsiva», dicen.