Prohibir la manzana

Julio Valdeón

Infancia Libre, gritaban las señoras de la asociación, invitadas al Senado en 2017. De aquella fotografía queda un rastro de niños maltratados y una tercera madre, Ana María Bayo Villamil, detenida por la policía. Acusada de saltarse durante dos años el régimen de visitas. Al igual que María Sevilla, presidenta de Infancia Libre y acusada de sustracción de menores, y de Patricia González, también detenidas, Villamil había denunciado a su ex pareja por presuntos abusos sexuales contra los niños. Unos cargos desestimados. Fueron, no hay duda, días luminosos. Cuando la sede de la soberanía popular servía para glorificar a quienes, como Juana Rivas, ha sido condenada por la justicia italiana por instrumentalizar y manipular a sus hijos contra el padre. Lodos que todavía gotean, con periodistas que exigían filtrar y hasta censurar las posiciones contrarias a su muy sesgado y subjetivo punto de vista, a sus prejuicios de raíz identitaria, y asociaciones que a la vista de las detenciones que coleccionan más parecían diseñadas para el crimen. Como explica el youtuber y ensayista Un Tío Blanco Hetero, en adelante Utbh, «disfrazada de oenegé la asociación Infancia Libre se dedicaba a confeccionar denuncias falsas por abusos sexuales contra los ex de sus integrantes con la intención de quitarles la custodia o el régimen de visitas. Básicamente madres conculcando el derecho de sus hijos para ver a sus padres y convirtiéndolos en víctimas de un relato fabricado por ellas mismas y por una organización de miserables». Utbh, por cierto, acaba de publicar un libro imprescindible, meditado, ilustrado, sereno, anclado en las mejores conquistas intelectuales del feminismo clásico y enfrentado al disparatado feminismo de cuarta ola, «Prohibir la manzana y encontrar la serpiente», escrito a cuatro manos con la sexóloga y antropóloga Leyre Khyal, a la que pregunto por el caso de la asociación. «Es la evidencia», me explica, «de que existen mujeres que aprovechan el sufrimiento de otras sin escrúpulos. En este caso ellos son los maltratados... esos hombres han sido tratados de la misma manera que las mujeres de antaño, culpables de entrada. El miedo no tiene que cambiar de bando, tiene que desaparecer, de eso iba el feminismo». Como explico en el prólogo de «Prohibir la manzana», lean a Utbh y Leyre si todavía creen que merece la pena partirse la boca por cositas tan poco posmodernas como la libertad y la igualdad.