“El desgaste del Gobierno social-comunista”

El nacionalismo catalán moderado no existe y se ha transformado en un independentismo enloquecido que sólo quiere a Sánchez porque piensa que le sacará importantes contrapartidas

La Razón

Los gobiernos desde la Transición habían sido monocolores y, sobre todo, estaban situados en la centralidad. Es la primera vez que no es así. Respecto a la centralidad, además, el radicalismo de izquierdas es una anomalía en la UE, ya que es un gobierno social-comunista apoyado por los independentistas. Es cierto que, últimamente, ha contado con el concurso de Ciudadanos, pero es una aportación testimonial que le resulta útil a Sánchez a la vez que es la búsqueda de un salvavidas personal por Arrimadas y los suyos.

No hay que ser un fino analista para entender que su socio es Podemos, que en teoría está en las antípodas de Cs, y luego vienen los independentistas. Por tanto, es evidente que las políticas económicas y sociales que se emprenderán no estarán en la centralidad, aunque los socios europeos acabarán imponiendo condiciones si queremos su ayuda. La bravuconería política es siempre en clave interna, porque en Europa se transforman, cuando llega el momento de la verdad, en dóciles corderitos. Es normal que el Gobierno sufra desgaste porque no está en la centralidad, ha tenido que tomar medidas impopulares y lo serán aún más en un futuro muy próximo.

La encuesta que publicábamos ayer es muy esclarecedora, aunque es evidente que no hay elecciones generales a corto plazo. El PP y el PSOE están empatados en una horquilla de 109 a 111 diputados. Es la foto fija de este momento y tiene el valor de una tendencia cuando todavía no ha llegado realmente la crisis con toda su intensidad. El centro derecha no suma y además no puede contar con el PNV. El nacionalismo catalán moderado no existe y se ha transformado en un independentismo enloquecido que sólo quiere a Sánchez porque piensa que le sacará importantes contrapartidas. Nada es gratis.

No hay que sorprenderse porque una parte de la burguesía catalana y el catalanismo político han visto históricamente a España como una vaca a la que ordeñar. Los diputados y senadores desde la Restauración se dedicaban a negociar aranceles y ayudas para que ellos y sus patrocinadores se hicieran cada vez más ricos. Lo mejor es que lo aderezaban con su vocación de ayudar al progreso y regeneración de España. Estuvieron con Alfonso XIII, con la República y recibieron a Franco con el brazo en alto para abrazar felices el catalanismo de Pujol y ahora apoyan el independentismo de Puigdemont y Junqueras.