Encender una vela a Dios y otra al diablo

Sánchez necesita al PP y debería cambiar su actitud a la vez que controlar a sus socios para situarse en la centralidad

La Razón

Los proverbios son siempre muy esclarecedores. Una frase puede ser demoledora. Pedro Sánchez se equivoca al querer «encender una vela a Dios y otra al diablo». Esta máxima ha sido utilizada coloquialmente para señalar a los que quieren estar bien con todos sin definirse con el fin de no asumir riesgos. Es lo que sucede ahora con la crisis económica que nos afecta y además se puede ver la pretensión de ejercer esa geometría variable con un PP al que ha menospreciado desde que estalló la pandemia. Desde el primer momento me pareció un gran error y lo razonable hubiera sido implicar al principal partido de la oposición, aunque sólo fuera por ese tan habitual teatrillo político. No pretendo hacer aquello que habitualmente critico de formar dos trincheras entre los buenos y los malos. Lo que sí podemos constatar es que el presidente del Gobierno ha gestionado la crisis sanitaria desde la excepcionalidad constitucional, que me desagrada e inquieta profundamente, a golpe de real decreto ley. También lo hizo su antecesor con la excusa del desastre económico que heredó al llegar al gobierno en 2011.

España necesita unos Presupuestos Generales del Estado y no puede seguir instalada en la prórroga eterna, dicho irónicamente, de aquellos que elaboró Montoro en otras circunstancias. En este sentido, la credibilidad negociadora pasa, precisamente, por presentar un proyecto creíble a nuestros socios europeos y abandonar la fantasía de que nos rescatarán porque no tienen otra salida que mantiene la izquierda radical. Pues no es cierta. Otro error es emprenderla con el PP, porque tampoco parece muy dispuesta la socialdemocracia europea a la hora de aceptar una espiral de gasto público descontrolado y sin condicionalidades. Una cosa es gestionar una solidaridad razonable y otra muy distinta es que entremos en una borrachera de deuda pública sin establecer controles que encaminen las cuentas del Estado en una dirección sustentada en el sentido común, la prudencia y la eficacia. Cada crisis es distinta y la austeridad irracional no es el camino, pero tampoco lo es generar un endeudamiento irresponsable. Sánchez necesita al PP y debería cambiar su actitud a la vez que controlar a sus socios para situarse en la centralidad. No es fácil, pero sí imprescindible para afrontar la reconstrucción. Por ello, es mejor que encienda una vela a Dios y se olvide del diablo por el bien de España y su credibilidad en la UE.