La Kitchen está que arde

Lo fundamental ahora es clarificar lo sucedido y ver si alguien se consideraba por encima de la Constitución

Los presidentes del Gobierno, vicepresidentes, ministros y secretarios de Estado, entre otros, juran o prometen cumplir fielmente las obligaciones del cargo con lealtad al Rey así como «guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado». No hay nada que permita o justifique ir en contra del ordenamiento legal y vulnerar el compromiso adquirido. Por supuesto, no se puede alegar la obediencia debida como causa eximente de la responsabilidad ante la comisión de un delito. Los presuntos participantes en el esperpento del caso Kitchen, algunos son juristas como es el caso del ex secretario de Estado que es letrado de las Cortes, sabían perfectamente que no se puede cumplir una orden de contenido ilícito. Estamos, sin lugar a dudas, ante un escándalo muy grave y se tiene que llegar hasta el final. Por tanto, es fundamental clarificar todo lo sucedido y las cloacas, si es que han existido, es preciso limpiarlas de la forma con que se hace en el Estado de Derecho que es en los tribunales de justicia. Nadie está por encima o al margen de la ley.

Es muy triste a lo que estamos asistiendo y no importa que dirigentes del PSOE hayan cometido graves acciones ilegales en el pasado, porque parece que se utilizó la secretaría de Estado de Interior como si fuera un apéndice de la Moncloa o del PP. Es un tema complejo que parece salido de una película de pillanzas políticas y económicas. Lo fundamental ahora es clarificar lo sucedido y ver si alguien se consideraba por encima de la Constitución ordenando o autorizando escuchas, seguimientos y acciones delictivas como intentos de robo o secuestro. De momento solo vemos la punta del iceberg y desconocemos las razones por las que actuaron algunos de los pícaros de esta trama. Esta claro que había intereses personales que les llevaron a poner en peligro su carrera profesional. En más de una ocasión he dicho que conozco muy bien a Jorge Fernández Díaz desde hace más de treinta años. Nunca le he visto cometer una irregularidad, ha sido un funcionario y un servidor público entregado a su vocación de servicio a los demás, con aciertos y errores como todos, pero creo que es imposible que haya autorizado, por acción o por omisión, una actuación en contra del ordenamiento legal. No me lo creo y me parece que su inclusión es una cortina de humo o un cortafuegos.