Los “rastreadores” son el elemento imprescindible para controlar la pandemia de Covid-19

Rastreadores militares del acuartelamiento del Goloso al servicio de la Comunidad de Madrid
Rastreadores militares del acuartelamiento del Goloso al servicio de la Comunidad de MadridJesus G. FeriaLa Razón

Cada vez se habla menos del papel de los «rastreadores sanitarios», porque no disponemos de resultados que demuestren su eficacia en el control y la vigilancia de la transmisión de la COVID-19, o bien porque no interesa demasiado sensibilizar a la población general del papel esencial e imprescindible que tienen estos profesionales para proteger la vida de todos. Es un grave error banalizar o trivializar su trabajo, asemejándoles a «telefonistas», con todo el respeto que se merecen estos trabajadores de la comunicación, pero tampoco se puede exigir, como hacen las organizaciones colegiales, que sean exclusivamente médicos y enfermeros los que desarrollen este papel fundamental en Salud Pública. Si hubiera recursos suficientes, mejor que fueran médicos y enfermeros, pero si no es así, que es lo que sucede en la situación actual, también pueden ayudar otros profesionales como los farmacéuticos, o incluso los alumnos de los últimos cursos de medicina o de enfermería, siempre que reciban la formación necesaria para poder desarrollar un trabajo que, para que pueda ser eficaz, deben conocer y comprender todos los ciudadanos, porque necesitamos de la implicación de todos.

Cuando existe un caso sospechoso, el médico del centro de salud se lo comunica al rastreador sanitario y éste comienza su importante tarea: se pone en contacto telefónico con la persona y tras una entrevista clínica protocolizada, y no un simple cuestionario, tratará de detectar todos y cada uno de los «contactos estrechos»: todas las personas con las que ha estado relacionado durante más de 15 minutos y a menos de 2 metros de distancia, aunque llevaran mascarilla.

Contactará luego con cada «contacto estrecho del caso» para indicarle que deben guardar una cuarentena de al menos 10 días, siempre que durante los últimos 3 días no haya tenido fiebre o cualquier otro síntoma, y quedará a la espera del resultado de la PCR del caso sospechoso. Si el resultado es negativo, se cierra el caso definitivamente, pero si resulta «positivo», además de indicar el «aislamiento», deberían realizarse todos la prueba diagnóstica y, por supuesto, deben continuar en cuarentena, o en aislamiento si la prueba fuera positiva. Con cada uno de esos contactos estrechos que sean positivos en la PCR se vuelve a empezar el camino de esta estrecha «vigilancia epidemiológica». Por supuesto que todos los datos que recojan los rastreadores sanitarios, que dependerán del Área de Salud Pública, deben comunicarse de forma inmediata y continua a los médicos y a los profesionales de enfermería de los Centros de Salud.

Lo lógico y deseable es que este procedimiento estuviera normalizado, centralizado y coordinado por la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, pero la verdad es que esto no es así; cada comunidad autónoma tiene libertad para hacerlo de la forma que entienda mejor, lo que sin duda contribuye a que no podamos disponer de todos los datos de forma uniforme, centralizada y actualizada. Por otra parte, nunca se ha respetado la «ratio» necesaria de un rastreador sanitario por cada 5.500 habitantes, lo que significa que deberíamos disponer de al menos 10.000 en España, aunque por supuesto que cada Comunidad debería establecer sus propias necesidades en base al número de habitantes y la densidad de la población.

¿Por qué después de 5 meses desde el final de la desescalada no tenemos los rastreadores sanitarios necesarios, según lo indicado por todos los especialistas en epidemiología y salud pública? ¿Por qué cada rastreador sanitario solo sigue una media de 2-3 contactos estrechos de cada caso sospechoso o positivo? ¿Cómo puede entenderse esta situación de precariedad extrema, cuando el Gobierno ha ofrecido a todas las comunidades autónomas los rastreadores sanitarios de la Unidad de Vigilancia Epidemiológica del Ministerio de Defensa, o cuando nuestros farmacéuticos y alumnos de grado están totalmente dispuestos a formarse y trabajar como rastreadores sanitarios?

Después de tanto tiempo sin los rastreadores sanitarios necesarios, y del aumento progresivo y exponencial de la transmisión comunitaria, me da la sensación de que el imprescindible papel de estos imprescindibles profesionales está siendo ciertamente trivializado y banalizado, cuando no olvidados, por parte de nuestros políticos y autoridades sanitarias, y desde luego hoy, con la situación extrema que estamos viviendo, esto es totalmente inaceptable, además de vergonzoso cuando nos comparamos con otros muchos países de nuestro entorno.