En línea de fuego

Leo informes sobre el golpe que la pandemia está teniendo en las mujeres del mundo y los datos me exasperan

FERNANDO BIZERRAEFE

Leo informes de las Naciones Unidas sobre el golpe que la pandemia está teniendo en las mujeres del mundo y, aunque ya me lo temía, los datos me exasperan. La pandemia se lleva toda nuestra atención, pero hay calamidades a la sombra que no debemos olvidar, calamidades que ya muchos en tiempos sin virus, tampoco quieren recordar.

Dicen los números que el 70 por ciento de los sanitarios y cuidadores son mujeres, mujeres en línea de fuego. Dicen también que son ellas las que se ocupan en su mayoría de los sectores más castigados, por ejemplo, tiendas o turismo. Si a eso le sumas que ellas han dedicado a la casa y a los hijos tres horas más durante el confinamiento, tenemos siete horas de trabajo no remunerado a nuestras espaldas.

Yo me he librado de semejante peligro. Ya no tengo hijos pequeños y apenas cocino. No aprendí. De jovencita percibí que mi primer marido podría confinarme en la cocina a menos que me despistaste un poco, así que me di al negacionismo positivo.

¿Pero pueden imaginarse lo que son siete horas de trabajo doméstico sin paga? Es una injusticia tan perversa que ni el más bruto debería aceptarlo. Y saben qué, mientras ellas cuidan de la vida, ellos se reparten los puestos de poder. Según estimaciones sin políticas que empujen los cambios, la paridad en los Parlamentos europeos, por ejemplo, tardará 55 años, y hasta 190 años en las empresas. La pandemia nos está demostrando lo importante que es el cuidado del planeta y sus habitantes. Sin ese cuidado la vida está abocada al fracaso, sin paridad también. Cuidémonos todos a todos. Y démosles el valor que tiene. El primordial.