Iglesias, el poder de un copresidente

El viejo PSOE anda muy revuelto, pero su influencia no existe

Francisco MarhuendaLa RazónLa Razón

No entiendo por qué alguien se sorprende ante el brusco volantazo ético e ideológico del PSOE tras su coyunda temporal con Podemos. En este contrato de aparcería, Sánchez ha cedido temporalmente algunos de los aprovechamientos de su «finca de la Moncloa» con el ganado, la maquinaria y el capital circulante. Ahora ya no es el incómodo, revoltoso y airado burgués de clase media que horrorizaba a Sánchez, que no estaba dispuesto a compartir su preciado juguete, sino su socio preferente en la explotación de este peculiar señorío.

Al resto de los grupos les corresponderá, también, los productos que surjan de explotar a España en sus partes alícuotas proporcionales a respectivas aportaciones. Es verdad que los dos socios son muy generosos. Lo que está sucediendo era algo previsible si se tiene en cuenta dos premisas fundamentales. La primera es que se trata de una coalición y la otra es que cuenta con la minoría parlamentaria más escuálida desde la Segunda República. Por ello, estamos ante una copresidencia implícita y explícita, porque Iglesias manda mucho y cada vez más. Es verdad que el aparato gubernamental intenta enmascararla, pero no hay cortina de humo o fuegos de artificio que modifiquen esta realidad.

El viejo PSOE anda muy revuelto, pero su influencia no existe o es similar a la que tiene el líder de Vox con Sánchez gracias a un sistema de primarias que sirve para consagrar el caudillismo populista en los partidos. Cuando se formó el gobierno y le tocó a Iglesias la vicepresidencia segunda, era habitual escuchar a los aguerridos neosanchistas vender la buena nueva como si fuera la incorporación de Podemos a la disciplina socialista. La creación de varias vicepresidencias se vendió como un contrapeso en el infeliz matrimonio. Y cabe preguntarse quién se creyó semejante chorrada.

Nadie puede tomarse en serio creer que alguien puede mandar sobre Iglesias, que tiene el poder de los reyes absolutos en Podemos tras el proceso de depuración de los desafectos, y que Calvo estaría por delante suyo. Es algo que se pudo comprobar cuando ambos presentaron en solitario el proyecto de presupuestos y quedó muy claro que este gobierno es cosa de dos con la compañía de una alegre troupe de figurantes a su mayor gloria. No estaría mal que recordaran que no son dioses y que otros ocuparon el Olimpo monclovita creyendo que era para siempre y tuvieron el trauma de ser desalojados por las urnas.