Opinión

Los enemigos de España

La Biblia nos recuerda como Josué cometió el grave error de pactar con sus enemigos. El capítulo 9 del libro de Josué nos cuenta la historia de cómo los enemigos de Israel engañaron a Josué; estos sabían que Israel contaba con el poder para vencerlos y por ello tanto trataron de persuadir a Josué de manera que por medio de un pacto consiguieron un acuerdo con el compromiso de que Josué no pudiera sojuzgarlos y, como consecuencia de ello, Josué no consultó con Dios, comprometiéndose por medio de un juramento con un enemigo oculto, lo cual le impidió cumplir con lo que Dios había ordenado. Este pasaje bíblico guarda cierta analogía con lo que está ocurriendo en España. Los enemigos del orden constitucional, los enemigos de nuestra democracia, en definitiva los enemigos de España, alcanzan acuerdos con aquel que tiene encomendada la defensa del Estado y del orden constitucional para que les permita seguir con su estrategia subversiva contra la Constitución, y ello por un puñado de votos y con el único fin de mantenerse en el poder a cualquier precio, convirtiendo al Estado en combustible para alimentar a sus propios enemigos. Pudiera parecer una desmesurada hipérbole de lo que está aconteciendo, pero cuando constatamos los acercamientos de sanguinarios presos etarras, la exclusión del español en la enseñanza catalana, cuando se le permite a Bildu colocar su ensangrentado sello con el del PSOE para reclamar la derogación de nuestro sistema de relaciones laborales, es imposible sustraerse a la preocupación que surge tras la búsqueda de estos compromisos con los que no debemos y con quien no nos conviene. Esta lamentable situación tendría alguna disculpa si nos encontrásemos ante enemigos ocultos con los que se puede cometer el error de entrar en acuerdos con ellos como le pasó a Josué, pero no es el caso, no se les exige ni un mínimo de astucia para tratar de engañarnos, estamos ante descaradas y constatadas intenciones de «tumbar» al Estado y su entramado constitucional, que es el que nos alberga a todos los españoles. Nuestra Carta Magna surge de un gran Pacto, este sí, inspirado en la concordia y buena fe de la mayoría de los españoles. ¡Qué lejos está Sánchez de aquel Ulises que tapó con cera los oídos de su tripulación y se ató al mástil para mantener el rumbo y no sucumbir a los cantos de sirenas que con inmensa dulzura y musicalidad atraían a los barcos de los marineros! Nuestro Ulises es el que voluntariamente entona y dirige estos cantos junto a las sirenas que nos son tales, puesto que ni siquiera nos intentan engañar. Dicen que si alguien te traiciona una vez es culpa suya y si lo hace dos veces, es culpa tuya, y esperemos que el Pueblo español tome buena nota de este dicho. La versatilidad de los discursos de Manuel Azaña es muy conocida, se le suele citar para esto y para lo contrario, pero en sus últimos momentos definió muy bien a los verdaderos enemigos de la República que no solo se encontraban en el bando contrario, sino también en el propio.