Naranja

Biden ha generado una crisis migratoria estremecedora

JOSHUA ROBERTS

Desde que no está «la veleta naranja» (me refiero a Trump, claro), el mundo está más callado. Y aunque en realidad no lo esté, lo parece, como un restaurante del que expulsan al único cliente que gritaba insultando a los camareros, al chef, a otros comensales, a la propia comida… Con Biden todo es reposado, sanatorial, jubileta. Él es un pensionista presidencial, no tiene energía para acongojar al planeta con biliosos tuits. Cierto que, desde que llegó al poder, no ha dado ni una sola rueda de prensa libre. Tiene una portavoz pelirroja que responde preguntas con la misma agilidad con que Rafa Nadal despeja pelotas. De hecho, es lo que hace: rechazar golpes. «Hazlo tú, a ver qué tal…», viene a responderles a quienes le hacen preguntas incómodas. «Propón soluciones, en vez de poner pegas»… La señora tiene su punto. Podría haber sido portavoz de la Unión Soviética y habría dejado a Stalin como faro de la democracia más preclara del Sistema Solar. Vale… Ahora que Trump y su deslumbrante crema autobronceadora ya no colorean las pantallas del orbe, EEUU no produce murga. Pero también Biden ha llamado «asesino» a Putin y se ha encarado con China mientras daba la espalda a Maduro. Biden tropieza en el avión presidencial. Y va a vacunar a la mayoría de la población ¡en 2 meses! Ha puesto dinero al contado en el bolsillo de los ciudadanos (no de los bancos). EEUU puede crecer este año hasta un 7%. Lo más escandaloso que hace Kamala Harris, de momento, es reír a destiempo y resoplar subiendo las escaleras del Capitolio, junto a su estupendo marido, para mantenerse en forma. Biden tiene a diecisiete mil menores latinoamericanos en las fronteras de USA. Trump separaba a los niños de sus padres. Biden dijo que no los separaría. Resultado: todos los migrantes adultos llegan con varios niños de la mano hasta la frontera. Ha generado una crisis migratoria estremecedora… Pero lo naranja está definitivamente en declive (pregunten en Ciudadanos). E incluso el «Black lives matter» ha enmudecido (¡¿eeehhh…?!). El mundo ha cambiado de color. Y de banda sonora.