Política

¿Sabemos pedir perdón?

No veo a nadie en España capaz de parecerse a Merkel. «Este error es mío y solo mío», dijo

La semana pasada, sin ir más lejos, Angela Merkel pidió perdón. Lo hizo públicamente, previo reconocimiento de una mala decisión por su parte. Lo hizo ante las cámaras y se la pudo escuchar en todos los informativos de país. Dijo que se había equivocado al endurecer unas medidas durante la Semana Santa (planteaba un confinamiento total) y que se trataba de un error. De su error. Aquí, la noticia pasó desapercibida, como un fenómeno paranormal de esos que no se comprenden, esas informaciones que suenan a actualidad del Cáucaso y que se desvanecen en el ciberespacio. Imagino que desafiaba a nuestra lógica y costumbres, a la tradición local: yo no soy capaz de recordar cuándo ha sido la última vez que algún político ha perdido perdón en España. Lo hizo el Emérito, sin duda para tapar mayores desmanes («spanish style»), y recibió más parodias que reconocimiento. Y mira que han sido turbulentas las últimas décadas de la política nacional, pero ni los nacionalistas, ni los conservadores, ni los progresistas han asumido ninguna culpa, reconocido errores. Creo que no hay precedentes, pero me encantaría que me corrigieran.

En España, país cristiano, no pedimos perdón. Preferimos encallarnos (callarnos) como un carguero de cientos de miles de toneladas, cortando el tráfico del canal de Suez si hace falta, con tal de no disculparnos, de no dar nuestro brazo a torcer. Aquí me atravieso y los demás que se aguanten. Porque, en todo caso, las culpas son de los demás. Ustedes y yo somos malos reconociendo nuestros errores, no vayan a decirme que no. Piden perdón antes los futbolistas a su afición por un lance del juego (precisamente el supuesto en el que el perdón no hay que pedirlo) que un político condenado en firme por los tribunales o por la unanimidad de la opinión pública. En todo caso, nos disculpamos al estilo Telecinco: es decir, cuando sacamos beneficio de ese perdón y cuando, mientras con una mano entonamos el mea culpa, con la otra hurgamos en todas las heridas y removemos las miserias del fondo del albañal. Precisamente esas mismas acusaciones que durante años se han lanzado desde la cadena y que exigían, se ve, una disculpa millonaria. Qué manera tan curiosa de buscar la redención.

No veo a nadie en España capaz de parecerse a Merkel. «Este error es mío y solo mío», dijo. «Lo lamento profundamente y pido perdón a los ciudadanos». Lo escribo por aquí para que vean lo raro que nos suena. Por cierto que la Canciller alemana pedía disculpas por endurecer el confinamiento pero quizá no debía pedirlas, a la vista de lo que estamos presenciando en nuestras calles... y de sus consecuencias en las próximas dos semanas.