Chuletas escondidas en las mascarillas

El Trivial era el apogeo de la educación memorística, esa que desde hace tiempo se ha puesto en duda

La parte escondida de la mascarilla sirve para esconder las respuestas
La parte escondida de la mascarilla sirve para esconder las respuestasFotoLa Razón

Es evidente que Google y los móviles han acabado con el Trivial. Nos pasábamos las tardes coleccionando quesitos y buscando las preguntas naranjas (de deportes) o las rosas (de espectáculos) y si ésas no eran posible, las marrones de literatura. Las últimas eran las amarillas de Historia, las azules de Geografía y las que no podía ver: las verdes de Química. Más que ganar, el objetivo era no quedar como un ignorante. Siempre había quien se las sabía todas o casi todas y dependiendo de si iba en tu equipo o en el contrario, le admirabas o te parecía un pedante empollón. Ahora es distinto: quién pierde es porque tiene los dedos más gordos y escribe más lento en la pantalla del móvil.

El Trivial era el apogeo de la educación memorística, esa que desde hace tiempo se ha puesto en duda. Se considera que ahora que tenemos la información a un clic, se pierde el tiempo aprendiendo todos los ríos de España para el día del examen y olvidarlos en el botellón de después.

Puede que los que hacían chuletas fueran, entonces, unos precursores de esta corriente: boicoteaban, sin saberlo, la educación memorística con un aprendizaje mucho más tecnológico.

Porque no era fácil escribir un tema entero con un letra tan pequeña que cabía en pequeños trozos de papel que se enrollaban dentro del boli para sacar en el examen. Exigía una caligrafía exquisita primero y, después, una precisión que yo no tenía. Una vez lo intenté, pero se me fue la tarde en enrollar el papel entre la caña y la tinta del bolígrafo. Lo conseguí al final, aunque al sacarlo, mi yo del examen era incapaz de entender la minúscula letra de mi yo que hacía chuletas. Suspendí, claro, pero aprendí que podemos ser varios yo en la vida y no terminar de entenderlos.

Había quien escribía las respuestas en folios para luego dar el cambiazo y quien llegaba a clase horas antes para escribirse en la mesa todo el temario. Si el examen era de anatomía, ya tenía medio trabajo hecho con los dibujos guarros que había en todas las mesas.

Una madre me confesó que hace poco en un examen online de su hijo, ella estaba al lado, fuera del tiro de cámara, soplándole las respuestas de Natural Sciencie, porque el amor de madre consiste en eso: primero que mi hijo no suspenda y luego ya, si eso, que aprenda lo de la reproducción. (El amor de una madre consiste, también, en querer ignorar eso: que se lo ha aprendido ya, pero sólo la práctica).

Las trampas van por delante. En Iraq, ahora aprovechan la parte oculta de las mascarillas para pegar ahí pequeñas chuletas. Así, haces que respiras o que te molesta y lees la respuesta.

Ya sería mala suerte, por cierto, ser negacionista.