Van provocando (Una geometría para la justificación de la violencia)

Esto de que «van a Vallecas a provocar» remite verbalmente a cuando se decía que una mujer iba «provocando» al agresor

Bernat Armangue

En nombre de la libertad apedrearon el mitin de Vox en Vallecas. El antifascismo abriendo cabezas en nombre de la paz se enmarca en una paradoja clásica en la historia de la democracia por la que sus defensores más sonoros terminan por ser los que más la amenazan. Después de una agresión a un partido como Vox llega una batería de argumentos justificativos y condenas más o menos tibias del hecho violento. Una de mis preferidas es esta de decir que la violencia «nunca está justificada», pues esconde una segunda parte invisible que, si uno imagina la frase entera, se despliega en admitir que la violencia nunca está justificada, ni siquiera en un caso como el de Vox en el que está justificada un poco, un tanto, un mucho, lo que sea. Gracias al «nunca», el que enuncia la frase obvia –haciendo un esfuerzo– ese algo y así vence cívicamente el impulso que le brota de ser él mismo el que tira la piedra. Otro argumento muy común es el de advertir que uno está en las antípodas de las ideas del agredido, y esto lo quiere «dejar muy claro», temeroso quizás de que lo confundan y le caiga la piedra a él.

Se viene así esta cosa mágica de que en Vallecas en un momento dado volaron las piedras, como si las piedras volaran, y por supuesto la cosa de los bandos, que es el pórtico de la tibieza. La teoría de los bandos describe dos grupos que luchan entre ellos, dos partes que son a la vez agresor y agredido, y así se evita la responsabilidad de señalar un culpable. Son culpables todos, se viene a decir. Se denuncia un clima de tensión insoportable, aka «el conflicto». Esta debe de ser la célebre polarización, con su buena intención, con su carga de verdad indiscutible y también con sus dos polos entre los que se sitúa el que la denuncia con una equidistancia tan medida que parece dibujada con láser.

Al agredido también se le ha dicho que va provocando. A Ciudadanos en Rentería le recriminaban que iban a provocar. La provocación es un ejercicio comprensible en cuanto sirve para mostrar la injusticia que denuncia, en este caso, el hecho de que en este país no todo el mundo puede decir cualquier cosa en cualquier parte sin que le abran la cabeza de una pedrada. Así se dice que ir aquí o por allá es provocar, como si se entendiera y se aceptara que Abascal no pudiera ir a dar un mitin a Vallecas pues se supone que en Vallecas se vota a la izquierda o que Pablo Iglesias no pudiera hacer un acto electoral en El Ejido porque se supone que en El Ejido se vota a Vox. La provocación nunca puede constituir un atenuante de la violencia en cuanto se trata un argumento tan subjetivo que cualquiera puede alegar que se siente provocado por cualquier cosa. Cabe recordar que el hijo del asesinado no ha disparado al terrorista o que el padre de la violada no acuchillara al violador. Esto de que «van a Vallecas a provocar» remite verbalmente a cuando se decía que una mujer iba «provocando» al agresor con la largura de su falda o cuando los representantes de la voluntad democrática iban por ahí dando tiros en la nuca a sus rivales políticos y las víctimas se tenían que ir del pueblo, no fueran a decir que estaban provocando.