Cansados

Hemos descubierto que vivimos en un paraíso socialdemócrata, pero «fake»

SalasEFE

Hasta hace un año, al buscar en internet la palabra «cansancio», aparecían como primeros resultados «cansancio crónico» y «cansancio extremo». Es sabido que los resultados que ofrecen los buscadores colocan en primer lugar las expresiones más solicitadas por los usuarios. Así, aplicando el «big data», la mayoría de interesados por el tema «cansancio» estaban preocupados porque fuese «crónico» y «extremo». Ahora, sin embargo, al buscar «cansancio» aparece primero, como más demandada, la expresión «cansancio covid». Lo que significa, y no es extraño, que la mayor parte de consultantes está inquieta por el cansancio derivado de la pandemia. Una situación espantosa que ha enfilado su segundo año. Una ciudadanía extenuada, llorando a más muertos que tras una guerra. Las personas que han sufrido covid tienen una sensación habitual de cansancio, lo que parece ser una alarmante secuela de la enfermedad. Pero es que también quienes no han padecido coronavirus están cansados. El cansancio paraliza, nos deja expuestos, nos hace débiles. Cansados, decaídos como estamos, ¿cómo haremos frente a la injusticia, si es que llama a nuestra puerta a horas intempestivas…? Porque hemos descubierto que vivimos en un paraíso socialdemócrata, pero «fake», no en ese que nos vendían donde solo el lechero se atreve a apretar el timbre de madrugada… ¿De dónde sacaremos fuerzas para soportar posibles decisiones políticas arbitrarias o injustas? Si nos vemos azotados por inesperadas subidas de impuestos, diezmados como estamos por el paro, la enfermedad, la escasez y una galopante pobreza…, ¿adónde iremos a reclamar? ¿Quién se acordará ya de que vivíamos, tácitamente, en una sociedad libre y abierta? ¿Quiénes se encargarán de reivindicar aquellos supuestos derechos ciudadanos en un mundo postrado, que va aprehendiendo la costumbre del silencio doliente y la mansedumbre fatigada? Porque en las calles solo hacen ruido algunos partidos políticos, con sus huestes que, para llamar a votar, usan cachiporras y trozos de ladrillo en vez de campanillas. Mientras, los ciudadanos mayoritariamente seguimos en casa agotados, «ad extirpanda» cívica, asumiendo que un mes más, un año más de encierro y de miedo, no son nada comparados con la eternidad que nos queda por delante.