Emociones y algo más, ¡estúpido!

Díaz Ayuso apela a las emociones, pero las combina con reclamo económico

Fernando AlvaradoEFE

Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez, aunque el presidente no se presente y esté en un segundo plano desde que atisba un resultado adverso, compiten hoy en las urnas madrileñas. John F. Kennedy hizo famoso el aserto de que «el éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano». La noche electoral en Madrid volverá a confirmarlo aunque, ocurra lo que ocurra, el inquilino de la Moncloa confía en su probada capacidad de supervivencia, y no olvida que, como defendían Andreotti y Solchaga, «el poder desgasta una barbaridad, pero lo que j... es estar en la oposición». Pablo Casado empieza a saber mucho de eso. Díaz Ayuso sale de favorita, pero hasta el último voto cuenta y el pseudofrente popular posmoderno en la sombra –el de Gabilondo, Iglesias y García– sueñan con una carambola final, tras la campaña más agria, más diferente y pródiga en mentiras. Mark Twain, un gran aficionado a la Bolsa, como Keynes, atribuyó a Benjamín Franklin aquello de que «hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas». Hoy, cambiaría lo de «estadísticas» por «electorales». Falsedades, desde luego, han sobrado en la campaña madrileña, desde las medias verdades de ese Gabilondo que cita a Kant en los mítines, hasta los equívocos tramposos de Vox y Monasterio con el dinero de los menas y la pensión de la abuela, sin olvidar la obsesión de Iglesias de reclamar impuesto de patrimonio para que España sea un país normal, cuando ese tributo no se aplica en ninguna parte de la Unión Europea. Iván Redondo, el gran gurú de Sánchez, llegó a la conclusión de que las elecciones eran un asunto más de emociones que de economía, como le recomendaron a Clinton, con la coletilla de «¡estúpido!» La versión Redondo de la receta le ha funcionado a Sánchez, pero las urnas en Madrid, tras la pandemia, pueden ser un punto y aparte en las estrategias electorales. Díaz Ayuso apela a las emociones, pero además las apuntala –que se lo digan a quienes ahora trabajan en Madrid frente a quienes se quejan de no poder hacerlo en otros sitios– con el mantenimiento de la actividad económica. Las emociones y algo más, ¡estúpido! Veremos.