Productividad
La única forma de conseguir que los salarios aumenten de manera generalizada es incrementando la productividad
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No existen recetas mágicas para incrementar los salarios dentro de un país. La semana pasada, sin ir más lejos, tuvimos ocasión de constatar que la subida del salario mínimo durante 2019 condujo a la destrucción de hasta 170.000 empleos de acuerdo con un demoledor informe del Banco de España. Para que unos trabajadores ingresaran algo más, otros trabajadores tuvieron que recibir mucho menos. De cara al futuro, el margen político que existe para seguir elevando el SMI resulta, por tanto, ya muy estrecho: de ahí, por ejemplo, que el Ministerio de Economía esté lanzando en estos momentos mensajes contrarios a volver a aumentar de inmediato este umbral. Pero si incrementar los salarios por decreto no funciona, ¿debemos resignarnos a vivir en una sociedad pobre? ¿No existe ninguna forma alternativa de aumentar los salarios de manera sostenible y, por tanto, sin destruir empleo? Sí: como tantas veces se ha explicado ya, a largo plazo la única forma de conseguir que los salarios aumenten de manera generalizada es incrementando la productividad de nuestra economía. Si los trabajadores se vuelven más productivos (esto es, si generan más PIB por cada hora trabajada), entonces será perfectamente posible aumentar salarios con cargo a esa mayor productividad. La cuestión, claro, es cómo conseguir aumentar la productividad: baste decir que ésta lleva 25 años estancada dentro de nuestras fronteras y no parece precisamente que esta atonía vaya a remitir sola. Por tanto, no se trata de un reto sencillo. ¿Qué es lo que deberíamos cambiar? La productividad de cualquier economía puede mejorar o bien trasladando recursos desde los sectores menos productivos a los sectores más productivos o bien consiguiendo que se haga un uso más eficiente de los recursos dentro de los actuales sectores que los emplean. Para lo primero, habría que facilitar la quiebra o reestructuración de empresas (esto es, evitar la zombificación del sector empresarial, lo cual atasca los factores productivos en empresas de bajo valor añadido) así como suprimir los incentivos perversos contra la movilidad de los recursos (por ejemplo, los trabajadores evitan cambiar de empresa para no perder la indemnización por despido devengada, algo que podría remediarse con la mochila austriaca). Para lo segundo, necesitamos de una mayor y mejor acumulación de capital (incluyendo la educación, es decir, el capital humano) y de progreso técnico. No es fácil lograr ninguno de estos dos objetivos, pero desde luego ayudaría que incentiváramos fiscalmente el aumento del ahorro y de la reinversión empresarial y que elimináramos todas aquellas regulaciones que ponen trabas a la innovación empresarial, incluyendo las trabas existentes en el ámbito educativo (planes de estudio planificados centralmente y desconectados de la realidad empresarial). Ése es el único camino que existe para aumentar salarios de manera generalizada y no excluyente dentro de España (y en cualquier otra parte del mundo): mejora sostenida de la productividad del factor trabajo. ¿Está el Gobierno ocupándose de ese grave problema o prefiere concentrar la atención mediática en esos dañinos fuegos de artificios que son incrementar el salario mínimo?