Pedro Castillo, de ultraderecha
Si una dictadura se dedica a planificar centralizadamente la economía ya se vuelve menos dictadura
foto-autor

Pedro Castillo ha sido proclamado nuevo presidente de Perú y una parte de nuestra izquierda patria se ha deshecho rápidamente en elogios hacia el político de extrema izquierda. Por ejemplo, Esquerra Republicana de Cataluña escribió: «Esquerra Republicana de Catalunya felicita al maestro Pedro Castillo y a Perú Libre por su reciente victoria electoral y congratula al pueblo peruano por haber apostado por una opción de progreso y justicia social». Asimismo, Juan Carlos Monedero proclamó: «Un campesino maestro rural, Pedro Castillo, investido presidente de Perú con un discurso desde abajo, para los de abajo, amable con los débiles y firme con los poderosos. Comienza un Perú soberano. La educación pública declarada en estado de emergencia. ¡Cuánta esperanza!». Y Yolanda Díaz manifestó: «La toma de posesión de Pedro Castillo es una brizna de esperanza para Perú y América Latina. Es una oportunidad para la democracia la elección de un presidente que viene de abajo. ¡Muchos aciertos y suerte en esta nueva etapa!». «Progreso», «justicia social», «amable con los débiles» o «brizna de esperanza». Así han calificado nuestros prohombres progresistas a una persona que no sólo es un radical enemigo de las libertades económicas de los peruanos, sino también de sus libertades civiles. O al menos de lo que la propia izquierda considera innegociables libertades civiles so pena de ser calificado de esbirro de la extrema derecha. Y es que Pedro Castillo está en contra del aborto, en contra de la eutanasia, en contra de la legalización de la marihuana y en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo; pero, en cambio, Pedro Castillo está a favor de restablecer el servicio militar obligatorio para los jóvenes que ni estudien ni trabajen o de deportar a los extranjeros que delincan en un plazo de 72 horas. Todas ellas propuestas que podrían encajar, en mayor o menos medida, dentro del programa político de Vox (y en menor medida del PP) y que los dirigentes de Podemos no dudan en estigmatizar y repudiar cada vez que tienen ocasión. En cambio, en boca de Pedro Castillo esas mismas medidas no deben de resultar tan peligrosas. ¿Es que acaso desde Podemos o ERC consideran que los peruanos no son personas lo suficientemente civilizadas como para disfrutar de esas libertades que aquí se califican de fundamentales? ¿O acaso será que, para buena parte de la izquierda, lo prioritario no es el respeto a las libertades personales sino la conculcación sin cuartel de las libertades económicas? Parecería que, si un aspirante a tirano promete nacionalizar buena parte de las empresas del país, disparar los impuestos a los ciudadanos, redoblar las regulaciones comerciales y multiplicar el tamaño del Estado, todos sus otros pecados pasan a un segundo plano. Idéntico patrón, por cierto, al que sigue esa misma izquierda con respecto a la dictadura cubana: pese a que aquí nos venden que, para ellos, la democracia es un valor irrenunciable, si una dictadura se dedica a planificar centralizadamente la economía ya se vuelve menos dictadura. En otras palabras: cada vez que parte de la izquierda dice estar preocupadísima por nuestras libertades, en realidad sólo está tratando de manipularnos para llegar al poder y comenzar a socavarlas.