Historia

Canela Fina | La alianza nazi-comunista
«Tras la firma del pacto nazi-comunista, Stalin felicita a Hitler por el éxito de la ocupación de Francia»
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Hace ahora 82 años la Alemania nazi y la Rusia comunista firmaron un acuerdo que establecía la no agresión entre ambas naciones y una colaboración estrecha en múltiples asuntos. En presencia del dictador comunista, Stalin, los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países, Ribbentrop y Molotov, firmaron en Moscú el pacto germano soviético, el 23 de agosto de 1939.

Unos días después, el 1 de septiembre, la Alemania nazi invadió Polonia. Stalin secundó la agresión y envió sus tropas a ocupar el sur de la nación polaca. Mientras los nazis exterminaban a los judíos, el dictador comunista ordenó la matanza genocida de Katyn, asesinando a 21.768 polacos, intelectuales, artistas, abogados, profesionales universitarios, policías y militares. Beria, el siniestro Beria, dirigió la operación de la NKVD, ejecutada mayoritariamente por el tiro en la nuca con revólveres Nagant y pistolas Walther.

El dictador nazi ocupó media Europa en una guerra relámpago que asombró a todos. Cuando derrotó a Francia se sintió el dueño del mundo y se fotografió exultante ante la torre Eiffel. El dictador comunista Stalin le envió un jubiloso telegrama de felicitación.

Derrotado Adolf Hitler en la batalla de Inglaterra gracias a la firmeza de Winston Churchill y al valor de los aviadores británicos, el dictador nazi pretendió recuperar su imagen y el 22 de junio de 1940 ordenó invadir Rusia, saltándose el pacto germano-soviético firmado dos años antes. Hasta entonces, el comunista José Stalin se había mantenido ejemplarmente leal a Hitler. Tras la invasión nazi de la Unión Soviética, Stalin reaccionó y puso en pie su inacabable Ejército que terminó aplastando a Hitler. El dictador nazi tuvo a sus soldados a treinta kilómetros de Moscú, pero fue derrotado en Stalingrado en una de las batallas decisivas de la II Guerra Mundial.

Desde 1945, los partidos comunistas de toda Europa se esforzaron por esconder, primero, y silenciar después, el pacto germano-soviético de 1939. Pero la realidad es muy tozuda y termina imponiéndose. Por eso no está de más recordar que la II Guerra Mundial comenzó unos días después de que los nazis y los comunistas, de que la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin, firmaran la histórica vergüenza del acuerdo de colaboración.