Su mayoría natural
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Pablo Casado es un líder bien consolidado. No hace falta que nadie le coloque galones, salvo las urnas cuando se abran. Por mucho que todavía haya gente que busque ponerle piedras en el camino. No me refiero a aquellos que desde posturas ideológicas distantes a la suya son sus adversarios. No. Pongo el acento aquí en aquellos que desde unos postulados de pensamiento similares al líder popular siempre ven el vaso medio vacío. Basta observar cómo se ha intentado enturbiar un tema como el de la presidencia regional del partido en Madrid para darse cuenta de que al centro derecha español, por diversas razones, siempre se le mide con una vara más severa que a la izquierda.

Naturalmente, Casado todavía no ha ganado unas elecciones y son los votos los que, en política, otorgan carisma y liderazgos indiscutibles. Nada es distinto en esta ocasión. Lo mismo que al actual presidente del PP les ocurrió a sus antecesores, José María Aznar y Mariano Rajoy, mientras estuvieron en la oposición. Luego, cuando se alzaron con sus victorias, ya nadie osó siquiera toserles. No obstante, la presidencia de Casado, según todos los sondeos, vive momentos dulces. Mientras el PP crece, el PSOE y sus coaligados de Podemos no tocan suelo en sus caídas.

De hecho, hoy comienza la segunda Convención Nacional del Partido Popular bajo el liderazgo de Pablo Casado. Desde este lunes y hasta el domingo próximo los populares van a celebrar un cónclave itinerante que les llevará por todas las comunidades donde gobiernan y que concluirá en la plaza de toros de Valencia. Si hay un lugar legendario para el partido es ése. No se podía haber elegido mejor sitio para unas siglas que aspiran a convertir su Convención en un trampolín a La Moncloa.

Casado buscará estos días (rodeado de los suyos, claro, pero también de cada vez más gente con cosas que aportar que se acerca a Génova 13) enviar un mensaje rotundo: Pedro Sánchez ha demostrado ser presidente de un mal Gobierno en el peor momento posible. Cuando más falta hacía a España estar en manos de políticos capaces, se ha tropezado con personajes en busca del interés partidista. Casado y el PP saben bien que un país sólo puede ser gobernado eficazmente por aquellos que logran grandes mayorías alejadas del sectarismo.