Yolanda y la sombra de Pedro
La inexperiencia de los dirigentes podemitas es algo irresoluble
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Al final no ha llegado la sangre al río. Era evidente, pero vivimos unos tiempos donde lo único importante es la noticia o el comentario rápido. Es un mundo a golpe de tweet. Estos días tocaba hablar de que la coalición estaba al borde de la ruptura y que no había que descartar elecciones anticipadas. Es no conocer a Sánchez. Todo indica que la crisis ha sido una interesante tormenta en un vaso de agua y que ahora vuelven a su cauce. Ahora tendremos que esperar a la próxima ocurrencia de Podemos cuyas lideresas, Belarra y Montero, tienen demasiado tiempo libre. Es algo que siempre he tenido claro. Es muy negativo que en una organización exista gente ociosa, porque surge el riesgo de que se dedique a enredar. Desde el minuto uno de la formación del Gobierno de coalición, la principal preocupación de Iglesias, como buen activista, fue ponerse todas las medallas posibles y ceder, por supuesto, los marrones a Sánchez. Como era previsible, la desaparición del vicepresidente no cambió nada, porque sus dos sucesoras en el partido son sus clones. Hay que aclarar que las copias de un original siempre salen peor. La inexperiencia de los dirigentes podemitas, no me refiero solo a las dos ministras, es algo irresoluble, porque siguen anclados en la época de las asambleas de la facultad.

Es cierto que para mucha gente fue una etapa agradable e incluso memorable, pero alcanzada una edad y con responsabilidades, sean públicas o privadas, lo normal es que quede como un recuerdo de juventud. En este caso tenemos la mala suerte de que siguen instalados en su rollo del puño en alto, las propuestas demagógicas y el populismo propio de la barra de un bar universitario. Una de las ventajas de IU es que tenía un comportamiento institucional y asumía responsabilidades sabiendo que podían comportar, como siempre sucedía, un desgaste electoral. El caso de Podemos es diferente, porque es una generación a la que todo le ha sido muy fácil. Es propio de los pijo progres de familias de clase media y alta. Sánchez ha decidido que Díaz liderará la negociación de la reforma laboral, pero tutelada por Calviño y, lógicamente, por él. Son las reglas del juego, aunque a ella le resulta igualmente útil para sus intereses.