17 recetas son multitud

Otra vez diecisiete modelos distintos y muy probablemente tirándose de nuevo los trastos a la cabeza

Julián Cabrera

Recomendar no es imponer y esta es una máxima que en lo relativo a la lucha contra el maldito covid se encuentra grabada casi a fuego en la actual Moncloa. El gobierno de Pedro Sánchez ha aprendido dos grandes lecciones que, en tiempos como los que ahora corren cada vez más pegados a la presión de la demoscopia, le ratifican muchos más si cabe en la línea de delegar otra vez en las comunidades la gestión de la sexta ola incluida la amenaza de nueva variante. La primera es la de no repetir la estrategia del pasado año asumiendo –con el presidente situado como referente– toda la responsabilidad de un tsunami que se llevaba por delante las cuentas de la lechera del recién estrenado ejecutivo social-podemita. No se tardó en caer en la cuenta de que el desgaste político no tenía techo, comparecencia tras comparecencia semanal de Sánchez ante los medios con todo el país pegado a radios y televisiones desde sus confinamientos domiciliarios y un incomprensible discurso semi bélico de estar en guerra contra un enemigo que no tenía ni armas ni uniformes, con el drama de las residencias y las «UVIS» saturadas como fondo. Especialmente indicativa resultó la actitud del entonces vicepresidente Iglesias arrogándose una gestión de las residencias a las que ni siquiera llego a visitar.

La segunda lección aprendida por el gobierno, igualmente en clave de rédito político siempre encaminado a paliar el desgaste, se aprendió en unos comicios madrileños del «4-M», en los que, en contra de disyuntivas como «democracia-fascismo» –balas en sobres aparte– lo que realmente se ventilaba era la opción entre apertura y cierre en un momento en el que cientos de miles de familias que viven de la hostelería y la restauración estaban pendientes, no solo de su salud sino de comprobar si podrían cobrar a fin de mes. Díaz Ayuso supo leer mejor que nadie que era el momento de preguntar a los madrileños sobre sus prioridades entre mayores restricciones como defendía la izquierda y una mayor fluidez de la actividad económica asumiendo obviamente riesgos sanitarios como defendía el centro derecha. Aprendidas las lecciones, ahora lo que toca por parte del gobierno central en ponerse nuevamente –como en las segunda a quinta ola– en modo «recomendación» fiándolo todo a las vacunas, pero sobre todo pasando el cáliz de la gestión directa frente a la nueva amenaza pandémica a las comunidades autónomas. Ergo, otra vez diecisiete modelos distintos y muy probablemente tirándose de nuevo los trastos a la cabeza…y de legislar, ni hablamos.