Ucrania

Ucrania: fin de año

La situación en Ucrania hace tiempo que está enquistada y tiene difícil solución o, al menos, no se atisba que los distintos conflictos que habitan en el país puedan resolverse de manera distinta a la ruptura de la integridad territorial. Incluso, sorprende que no se haya tomado todavía la decisión de dividir el país también desde la perspectiva formal. Infortunadamente, todo apunta a que finalmente determinadas zonas de la parte oriental queden, incluso reconocidas de facto por la comunidad internacional, bajo el pleno control de Rusia. No parece que sea otro el destino de las políticas que practican los rusos.

Por ello, las serias advertencias de la OTAN y de la UE de que se podría originar un conflicto de grandes dimensiones se esfumarán y tan solo quedará, como sucedió en el caso de Crimea que ha caído en el olvido, la robusta política de Moscú afirmando su pleno poder en el espacio que le es más próximo. Desde luego, lo que acontece en Ucrania es una expresión por excelencia de los contornos que perfilan la verdadera realidad que no se puede ocultar en las relaciones internacionales. El conflicto se prolongará durante largo tiempo y, con toda seguridad, se asistirá a diferentes y preocupantes escaladas verbales. Sin embargo, será complicado y ojalá que no se produzca un enfrentamiento bélico de envergadura; eso sí, se llegará a acuerdos parciales; y también se buscarán soluciones que serán insatisfactorias.

En todo caso, el perdedor de toda esta contienda política siempre será Ucrania. Aunque, el futuro en las relaciones internacionales es quizá de lo más incierto que pueda acontecer, sin embargo, los componentes que definen el conflicto ucraniano hacen pensar en que, al cabo, se impondrán las tesis que viene defendiendo el Gobierno de Moscú.