Política

Botón rojo (electoral)

El gran enigma a discernir consiste, en realidad, en saber quién ostentará el poder para pulsar el «on» electoral. Si será Sánchez o si será Díaz

No se dejen adormecer por la calma navideño-pandémica: ya estamos en campaña electoral. Otra vez. Aunque resulte difícil creer que alguna vez logramos escapar de la espiral de voto compulsivo en la que entramos en 2014, sí hubo un breve lapso de tiempo este año (entre el 14-F catalán y el 4-M madrileño) en el que pareció que el espejismo de la normalidad, el de aquellas estables y tradicionales legislaturas de cuatro años pugnaba por imponerse. Nos prometíamos un periodo de desaceleración política, tras una cascada de europeas, autonómicas, municipales y varias generales de desempate, cuando una mariposa murciana nos devolvió a la realidad. Entiéndanme. Votar no tiene absolutamente nada de reprobable: más bien, al contrario. Pero someter a la vida pública a permanentes tensiones demoscópicas, a tiranías de estrategias y cálculos partidistas sin tregua es difícilmente compatible con la consolidación de avances sociales y económicos. Nos acercamos a este 2022 apresurando el ritmo hacia las urnas y ya tenemos primera cita: Castilla y León marcando el rumbo a otras convocatorias autonómicas. Todas ellas convertidas en teloneras de lujo de la gran campaña, esa que, de manera sutil, o no tanto, o cada vez menos, se va instalando en las decisiones políticas, en las conversaciones y hasta en las negaciones públicas, con la incógnita de si cumpliremos el plazo de noviembre de 2023 o si una ventana de oportunidad (que dicen los expertos o los cursis, ya no me acuerdo) precipitará el fin de este Gobierno a dos. Y como emulando aquel botón rojo de la Guerra Fría o la excéntrica tensión nuclear que reeditaron años después Trump y Kim Jong-un, el pulso gubernamental va en aumento y el gran enigma a discernir consiste, en realidad, en saber quién ostentará el poder para pulsar el «on» electoral. Si será Sánchez o si será Díaz. Los nervios, me consta, campan por Moncloa.