Vuelve la energía nuclear

Recuperar una cierta soberanía energética parece un asunto de vital importancia para el futuro español

Miguel Ángel Solana Campins

El mundo desarrollado vive bajo la amenaza de una nueva crisis energética de dimensión similar a la de 1973, donde se ha puesto en evidencia que las energías renovables no pueden aspirar a satisfacer el 100% del consumo. Para atender la creciente demanda de energía mundial sería preciso convertir cada año en parques eólicos un área del tamaño de Alemania. No se pueden alcanzar cero emisiones netas en 2050 sin sustituir los combustibles fósiles por otro tipo de combustible que dé estabilidad al sistema, garantice el suministro, sea competitivo y minimice la dependencia exterior. Y ese combustible, hoy en día, procede de la fisión nuclear, aunque en un futuro pueda provenir de la fusión nuclear.

La vuelta a la energía nuclear como parte indispensable del mix energético se abre paso en toda la UE. Pero la realidad es que ya antes de la actual crisis creada por el gas, un gran número de países ya incluían la energía nuclear en sus planes de transición energética. Todo lo que está sucediendo en estos meses no ha hecho más que confirmar lo correcto de su estrategia.

Francia ha sido el gran adalid de la energía nuclear en Europa y la actual coyuntura ha llevado al presidente Macron a ser el principal defensor de esta energía. Ha conseguido cambiar desde 2018 la línea estratégica de su gobierno de reducir el parque nuclear a que sea un asunto esencial del programa para su próxima reelección. Francia tiene prevista una inversión de 1.000 millones en la investigación y desarrollo de pequeños reactores modulares conocidos por las siglas SMR; además se dispone a construir seis nuevos reactores medianos EPR (Reactor Europeo Presurizado) de agua presurizada de tercera generación. Hoy por hoy, no hay sistemas de almacenamiento masivo de energía más allá de las centrales hidráulicas de bombeo, por ello contar con la energía nuclear, que es de base limpia, fiable, competitiva y no dependiente, es fundamental.

El próximo año Alemania cerrará los seis reactores nucleares que mantiene activos, lo que supondrá la retirada de hasta 8 GW de energía baja en carbono con la que actualmente cubre el 10% de la demanda. Para sustituir esta energía se ve obligada a quemar más combustibles fósiles, generando anualmente unos 60 millones de toneladas de emisiones de carbono adicionales. Esta decisión hará muy difícil el cumplimiento de sus compromisos medioambientales, reducirá la competitividad de sus empresas y hará que sus sistemas energéticos sean menos eficientes y más expuestos a los problemas de suministro y a la volatilidad de los precios de la electricidad.

Francia está intentando conseguir de la UE la etiqueta «verde» para la energía nuclear, en el lado opuesto Alemania y Holanda insisten en que el problema de los precios del gas es pasajero. Y piensan que no conviene alterar el actual sistema de fijación de precios, motivado por su negocio de aerogeneradores, donde cerca del 65% de los instalados en toda Europa son de fabricación alemana. Polonia ha anunciado la construcción de cuatro pequeños reactores modulares SMR, con una capacidad de 77 MW por unidad, con el objetivo de diversificar su aprovisionamiento de energía, que le permita no depender del gas ruso.

En el pensamiento popular siguen vivos los riesgos de una energía unida al recuerdo de catástrofes medioambientales como Chernobyl. Las centrales de carbón matan a 10 millones de personas al año en el mundo, lo cual resulta mucho menos espectacular que un desastre nuclear. El sector nuclear ha realizado enormes progresos en términos de seguridad y tratamiento de residuos.

La crisis actual de precios de los combustibles fósiles, gas, petróleo y carbón, amenaza con frustrar nuestra recuperación económica y el nivel de vida de millones de españoles, por pagar un recibo eléctrico muy caro por culpa de unos derechos de CO2 cuyos precios están movidos por el motor de la especulación financiera.

Nuestro futuro económico e industrial depende de la energía nuclear. La soberanía, la competitividad de las empresas y una eventual reindustrialización del país están directamente vinculadas a la disponibilidad de un aprovisionamiento energético seguro y competitivo. El debate nuclear es hoy en España una exigencia inexcusable, ya que somos un país obligado a importar casi toda la energía que consumimos y dependemos de las oscilaciones de precio de las materias primas. Pero la cuestión sigue siendo tabú. Dado que la construcción de nuevas centrales nucleares es intensiva en capital, los fondos Next Generation UE podrían darnos una oportunidad histórica si fueran invertidos en un plan nuclear de nivel, pensado en asegurar nuestro autoabastecimiento sobre la base de una combinación de energía nuclear y renovables. Recuperar una cierta soberanía energética parece un asunto de vital importancia para el futuro español.