Guerra de marcas en Roma

Desconozco qué ocurrirá en los tribunales, pero ya sabes que los litigios llevan tiempo y apenas traen cuenta

Cristina L. Schlichting

Querida Fabia; ¡Cuánto te echo de menos y cómo añoro nuestros paseos por el foro, las sesiones de costura, las tertulias! Vivir en Trípoli con Egeo tiene las ventajas del tiempo, pues el invierno es más soleado que en Roma, pero ni la vida social ni los cotilleos tienen comparación. Deja por eso, por esta vez, que no te pregunte por el pequeño Rufo, ni por las obras de tu viridarium en el peristilo para la casa de Ostia. Permite que te cuente el follón que el delegado de “Fortis” -la empresa que firma las sólidas lamparillas de terracota, que tú también prefieres- ha tenido con Ennio, que ahora es el exportador de vidrio colado más popular de todo el Imperio. Me dicen que hasta Augusto lo tiene en su mesa, porque Livia Drusila adora sus decoraciones en forma de acanto y los colores, tan variados. Ennio parece más fenicio que romano, desde luego, y así lo atestiguan su barba puntiaguda y esa nariz que le llega hasta el puerto. A lo mejor por eso es tan avaro. Firma también cada una de sus piezas y hasta en la Galia sus competidores se guardan de imitarlo, porque es un poco pendenciero. Yo creo que no sólo hace los frasquitos para los perfumes y aceites, tan imprescindibles, o las urnas funerarias, sino que hasta envía a los escultores del emperador los ojos de vidrio para las estatuas o las joyas falsas con las que adornan las efigies de Fortuna o Venus. La cosa es que “Fortis” se ha resentido de la llegada al mercado de Ennio y ha bloqueado el paso de los barcos del fenicio, para quedarse con el suministro romano de recipientes. Para qué queríamos más. El miércoles, día de mercado, se presentó aquí Emérito Popeo, el de “Fortis” (¿Te recuerdo lo bien que nos atendía en su tienda?). Venía caliente, porque su velero había tenido tormenta y creo que se mareó y vomitó por la borda. Le dijo a Ennio que abusaba y amenazó con denunciarlo y el fenicio contrató a dos de Tiro, que tienen fama de brutos, y le dieron tal paliza que ha salido corrido de la plaza. Desconozco qué ocurrirá en los tribunales, pero ya sabes que los litigios llevan tiempo y apenas traen cuenta. Egeo los evita como la peste. Así que ya sabes, mi Fabia. Si en las mesas de Augusto ves los vidrios moldeados y en los negocios percibes que las vajillas de barro escasean, que sepas que tu amiga ha sido testigo de la razón y de un escándalo que, al menos, ha saciado un tanto su ansia de picante social en esta apartada parte sirio palestina en la que te adora. Tuya, Agripina Egeria.