Opinión

El «orgullo rojo» de Sánchez y el «terror rojo» de Cambó

Ante la evidente desmovilización de su electorado andaluz, que reflejan tanto la realidad de la calle como todas las encuestas, Sánchez ha optado por apelar al «orgullo rojo» para animarles a movilizarse para que la jornada electoral del 19J sea de victoria para el socialismo sanchista. No parece tarea fácil y no debería sorprenderle esa apatía de sus potenciales votantes tras sus cuatro años de gobierno en España.

No es aconsejable confundir los deseos y los sueños con la realidad, y pese a su personal desahogo atreviéndose a calificar de «ejemplar» a su macro gobierno, y poner en valor y ensalzar su presunta ejemplaridad, se impone la máxima de que «se puede engañar a todos durante un tiempo; a algunos durante todo el tiempo, pero no a todos durante todo el tiempo», y eso es lo que le sucede ahora a el. Los barones socialistas encabezados por Valencia, Castilla la Mancha y Extremadura, a los que pronto se sumaran Asturias, Navarra y La Rioja, observan expectantes lo que sucede nada menos que en Andalucía, que durante 37 años fue el feudo inexpugnable del PSOE y principal granero de sus votantes a nivel nacional.

Sánchez pretende ahora pasar por lo que no consiguió Cambó cuando en el convulso 1918, derrotados los imperios Austrohúngaro, Zarista y Otomano en la primera contienda mundial, pretendía hacer compatible su política autonomista y reivindicativa en Cataluña con un liderazgo en España lo que le valió la conocida sentencia de Niceto Alcalá-Zamora de pretender ser «Bismarck en España y Bolívar en Cataluña». Por cierto que noblemente reconocería años después en sus memorias que «tenía razón» en la crítica Don Niceto.

Es imposible convencer a los andaluces ahora, como antes lo ha sido a los madrileños y a los castellanoleoneses, como a cuantos españoles sean convocados a las urnas próximamente, que su persona es el dirigente que necesita su comunidad y España ante los difíciles tiempos que se avecinan, teniendo como compañeros de viaje para esa urgente y gran empresa de recuperación nacional a ERC, Bildu, a Unidas Podemos y la «suma» de Yolanda Díaz con Oltra y Colau.

Eso sin necesidad de entrar en otras consideraciones acerca de su personalidad y su difícil compatibilidad con la verdad y la lealtad a los compromisos asumidos, que tiene sobradamente acreditados en sus cuatro años de estancia en la Moncloa. Si Francesc Cambó no lo consiguió, no parece razonable creer que Sánchez lo vaya a conseguir. Por cierto, Cambó podría darle lecciones de lo que fue en Cataluña el «terror rojo». Lo cuenta muy claramente en sus memorias y no invita a sentir «orgullo rojo» precisamente.