¿Quién estorba?

Sánchez creyó que todos los gallegos son iguales, como los andaluces, a los que confunde con un jornalero que le presentaron una vez estando de romería

Pedro Narváez

El campo de batalla fue enmarronándose conforme pasaban los apocalípticos caballos de Sánchez a aposentar sus excrementos, como, si en vez del Senado, estuviéramos camino del Rocío donde se reza y se defeca con alegría. Resulta que al jefe le estorba Feijóo. Le faltó decir aquello de «quítese inmediatamente de mi vista» o pedir las sales al presidente de la Cámara. Sánchez ya solo quiere enfrentarse a sí mismo, eso es la democracia plena, pero el mandatario bonito se va haciendo más feo cuanto más gesticula a la contra, de tal manera que pareció que Sánchez era la oposición (faltona, con ganas de llamar la atención, como si fuera un adolescente pillado en falta) y Feijóo, el inquilino de Moncloa que aguantaba con paciencia de Job al díscolo chulito de la clase que, más que hablar, mastica siempre el mismo chicle al que ya se le ha ido el sabor.

De esta manera, el enfrentamiento entre el amo del calabozo y el alguacil no solo no quedó en tablas, como Juanma salvando los muebles, sino que retrató de nuevo a Sánchez como un hombre, no ya sin atributos, sino sin discurso, que es cuando se descalifica y se patalea. Feijóo llega para no despeinarse mientras el resto gira y escupe como la niña de «El exorcista», ¿o esa era Ayuso?, es que ya me lío con el repertorio periodístico. Sánchez no quiere a nadie en la oposición y se convierte en un Maduro con balón gástrico, un Fidel que deja manifestarse a los «mariconsones» o cualquiera de esas democracias sin interrupción que son las dictaduras.

Sánchez fue Olona con menos clase de dramaturgia, sin darse a valer a pecho descubierto, pues tiene la de Vox un discurso más de recital a lo Rigoberta Bandini, aunque no casen las palabras y vocalice en exceso. Feijóo dará la misma medicina tanto al paciente en fase terminal como al enfermo imaginario: yo he venido a hablar de mi libro y a ver cuándo aprenden a leer ustedes. Sánchez creyó que todos los gallegos son iguales, como los andaluces, a los que confunde con un jornalero que le presentaron una vez estando de romería.