Economía

Relato de una confesión

Este libro se convierte en la manifestación de un auténtico programa de la política económica, aquella que debería existir en España y que ahora no tenemos

A pocos días de iniciar las clases de Introducción a la Economía, en la recién fundada Facultad de Ciencias Políticas y Económicas, en 1943, el gran economista Valentín Andrés Álvarez señalaba todo un panorama del funcionamiento de la economía libre de mercado y de las exigencias para que esa realidad pudiese actuar en un sentido favorable. Lo hacía en su explicación, publicada en forma de libro por Ediciones Guía, editorial del SEU. Ahí, recogió puntos de vista claramente críticos respecto a la economía nacionalsindicalista y a la economía colectivista planteada por los socialistas. El conjunto de estas cuestiones fue ratificado con la llegada a España –y el inicio de su docencia, en la citada Facultad–, del gran economista alemán Stackelberg, quien buscaba refugio, huyendo de los planteamientos de Hitler. Stackelberg era ya entonces un extraordinario economista neoclásico, con un respaldo internacional notable. Basta observar lo que de él se señala en The New Palgrave. A. Dictionary of Economics, mostrándolo como uno de aquellos grandes economistas alemanes que, con Eucken y von Beckerath, fueron fundamentales para orientar la política económica que siguió a la derrota de su país, gracias al logro de la puesta en marcha del modelo llamado de «la libre empresa».

Eso era lo que se nos explicaba en los cursos de la Facultad, y, los graduados en ella, pasamos a trabajar, inmediatamente, con los economistas españoles miembros de la Sección de Economía del Instituto de Estudios Políticos. En esa línea neoclásica, está la raíz que generó la reforma radical de 1957 para nuestra economía.

Pero pasó el tiempo y como consecuencia de toda una serie de sucesos universitarios –críticos con los planteamientos existentes en la política española de entonces–, se consideró, como único sendero en política económica a defender por profesores y alumnos de Economía, el que tenía sus raíces keynesianoneomarxianas. Eso pasaron a escuchar los alumnos en las aulas, como fue el caso de Daniel Lacalle. En el libro Viaje a la libertad económica. Por qué el gasto esclaviza y la austeridad libera (Deusto, 2017), se indica cómo aparece un interés universitario concreto por Marx, Lenin y Gramsci. La simpatía por este último se debía a que, situado en Inglaterra, huyendo de la Italia de Mussolini, se le había identificado «de manera brillante cómo quien planteaba una solución extraña: más Estado pero liderado por unos intelectuales a los que, por su capacidad crítica, se les presupone con honorabilidad e infalibilidad» (pág. 25).

Creció la convicción, en este ámbito intelectual naciente en la universidad española, de que «el capitalismo estaba cayendo». Y por ello, en el caso concreto del autor de este libro, pensó en el más adecuado modelo existente en el Este de Alemania. Y allí se marchó, con una preparación en la que es significativo lo que indica en la pág. 70: «Durante la carrera en España, jamás se mencionó la Escuela Austriaca de economía … Ni rastro. ¿Durante mi experiencia profesional, en los programas de postgrado? Tampoco».

Inmediatamente, se fue abandonando la heterodoxia y abriendo camino a la ortodoxia, lo que se expone en el apartado que se titula Cómo despertarse de la utopía colectivista en unas vacaciones. Éstas tuvieron lugar en 1980, en un campamento de verano en la Alemania del Este, donde se juntaba «lo más granado de los grupos juveniles de los países socialistas». Allí vio algo que le marcó «para siempre», añadiendo que «precisamente, así es como se muestra la verdad aterradora, asfixiante a la mente de un adolescente ingenuo, pero no tonto, y con la facultad de hacer lo que los pobres ciudadanos de aquel país no podían hacer: huir».

El camino hacia la verdad, que con apasionamiento se muestra en este libro, pasó a recorrerlo Lacalle. Aparte de ese choque en el campamento alemán, conoció –en la fase final de la carrera– al excelente catedrático Emilio Ontiveros, quien le reorientó con esta inteligente frase: «Eres joven, equivócate y aprende», expresión afortunada que llevó a Daniel Lacalle a buscar «cotas de prosperidad jamás imaginadas», que exigían el libre mercado.

Añádanse lecturas adecuadas, como la obra de Samuelson Economic: an introductory analisis, y también la observación del funcionamiento de la economía norteamericana, analizando el enlace entre la denominada política social, las dimensiones del empleo y el desarrollo económico.

Y a partir de ahí, este libro deja de ser el relato de una confesión, y se convierte, desde la pág. 285, en la manifestación de un auténtico programa de la política económica, aquella que debería existir en España y que ahora no tenemos. Los títulos de los capítulos son significativos: desde Gasto público, a Energía abundante y barata, pasando por Bajar impuestos para recaudar más. Se convierte así en una base del proyecto económico que ahora necesita España.