El helicóptero de Sánchez y el recado de Alfonso Guerra

Las medidas del Gobierno no aliviarán la inflación porque suponen más gasto público y más dinero en la calle

Jesús Rivasés

John Maynard Keynes, ahora otra vez en boca de Sánchez y los suyos, discrepó desde el principio del Tratado de Versalles que, al fin de la I Guerra Mundial, impuso durísimas sanciones económicas a Alemania. Keynes, ya en 1919, escribió sobre «Las consecuencias económicas de la paz». Argumentaba que el Tratado, celebrado como un gran logro, provocaría un desastre porque Alemania nunca podría pagar lo que se le exigía. El resultado sería catastrófico. Más de cien años después, Sánchez, que hoy se dará un baño de imagen al reunirse –¡por fin!– con Biden, tras la derrota andaluza, ha reaccionado con la política del helicóptero monetario, además del recurso de estigmatizar y castigar a las grandes empresas, sobre todo a las eléctricas.

La política del helicóptero, que sobre todo utilizó Trump en Estados Unidos para mitigar los efectos de la pandemia, consiste en repartir dinero directamente a los ciudadanos. Es solo una imagen, pero se emplea la del helicóptero que vuela sobre las ciudades y desde el que se lanzan billetes de curso legal para que los recojan los ciudadanos y se los queden. La medida de entregar 200 euros, una sola vez –no olvidarlo– a las rentas de menos de 14.000 euros, aprobada, con pompa, circunstancia y alguna pelea interna en el Gobierno, en un Consejo de Ministros extraordinario, recuerda al helicóptero monetario, pero solo lo recuerda. «Lo importante es lo que se transmite y lo que cala en la gente», dicen algunos asesores políticos. No siempre coincide con la realidad. El helicóptero de Sánchez, que tiene más problemas, ni llega a todas partes, ni da dinero a todos los teóricos beneficiados, que si quieren la ayuda tendrán que hacer una solicitud formal, que deberá ser aprobada y luego ejecutada. Es decir, los 200 euros no estarán–cuando estén– tan pronto como anuncian las fanfarrias gubernamentales. Las medidas del Gobierno –nadie discute las ayudas a los más necesitados–, incluidas las demás, no aliviarán la inflación porque suponen más gasto público y más dinero en la calle. Pueden ser necesarias, pero no solucionan el problema y, como diría, Keynes, sus consecuencias económicas pueden ser terribles. España ya ensayó estas recetas en el tardofranquismo de los años setenta y ese fue el origen remoto de que el paro siga enquistado en la economía.

(Entre paréntesis. Alfonso Guerra –nada es casual– reapareció ayer en el programa de Carlos Alsina en Onda Cero. Sin pelos en la lengua, fue crítico con el Gobierno y también implacable con Yolanda Díaz: «Habla de patria y matria; esa señora es un bluf».)