Feijóo, Sánchez y geometría variable

La cumbre de la OTAN debe gran parte de su éxito para los intereses españoles al compromiso con los Estados Unidos

Julián Cabrera

Todavía resuenan los ecos del innegable éxito que la cumbre de la alianza atlántica ha supuesto para la imagen de España en general –bastante renqueante en estos últimos años– y para el presidente del Gobierno en particular, teniendo en cuenta que gran parte de la escala de valores en el examen de este encuentro venía muy ligada de cara a la evaluación final a la figura en primera persona de Pedro Sánchez. Pero los tres días de gloria ya han pasado y difícilmente podría calibrarse en este punto de la semana si el evento y sus resultados han tenido alguna incidencia en el plano de la demoscopia teniendo en cuenta que por desgracia para la Moncloa acontecimientos como el trágico asalto a la valla de Melilla o el más que inquietante dato del 10,2 % en el IPC se han colado de rondón entre las crónicas de primera línea, a diferencia de otros asuntos igualmente paralelos pero mucho más silenciados como el acuerdo con Bildu para alargar la ley de memoria hasta el año 83 mientras todos estábamos pendientes del casi simultáneo descenso del presidente Biden por las escaleras del «Air Force One» en su llegada a Madrid.

La cumbre de la OTAN debe gran parte de su éxito para los intereses españoles al compromiso con los Estados Unidos de ampliar, no solo nuestro presupuesto en defensa sino la presencia norteamericana en Rota y ahí es donde vuelve a entrar en juego nuestra política más doméstica reflejada en la particular manera de Sánchez de contemplar la «geometría variable», en un momento en el que los tambores de precampañas electorales, aunque lejanos ya se empiezan a escuchar. La cuestión es clara y meridiana. La cumbre nos obliga a elevar hasta los veinte mil millones de euros el gasto militar, cosa que en el origen de los actuales presupuestos no se contemplaba y aunque Biden se marchó aliviado, el socio podemita de Gobierno no va a desaprovechar la oportunidad de reafirmarse con su parroquia rechazando el apoyo a este aumento de gasto y consciente sobre todo de que no habrá apreturas parlamentarias porque ya será la «derechona militarista» quien apoye la medida por sentido de estado. Núñez Feijóo hará bien en no caer en las dilaciones abstencionistas de Fraga en el referéndum de la OTAN hace 36 años, pero tal vez no deba olvidar algo tan demostrado como la maestría de Sánchez a la hora de servirse puntualmente de los «pagafantas».