Juegos de guerra de las superpotencias

FOTO: Eugene Hoshiko AP

Por si no fueran suficientes calamidades la pandemia y la guerra en Ucrania, Nancy Pelosi ha hecho escala en Taiwán en su gira asiática para provocar a Xi Jinping como antes provocaron a Putin por medio de la continuada expansión de la OTAN hacia la frontera occidental de Rusia. Un análisis superficial de la situación puede quedarse en la mera calificación de «inoportuna» a la visita de la inquieta lideresa estadounidense, pero ese análisis más que superficial sería tan ingenuo como equivocado. Ya el presidente Roosevelt había afirmado que «si un acontecimiento político sucede es porque así ha sido previsto». La escalada de la tensión en la zona nos remite por tanto a la clásica pregunta: «¿Qui prodest?», «¿A quién beneficia?».

La respuesta, no menos obligada tampoco, debe ser que a quien la ha provocado, porque se sabía que la reacción de China estaba cantada también por tierra, mar y aire, como su actual ensayo general de invasión de la isla. Para Rusia, la gota que Putin consideró que derramaba el vaso de su paciencia, fue el anuncio de una negociación con Ucrania para su eventual incorporación a la UE, como paso previo a hacerlo en la OTAN, y conviene tener presente que para Xi Jinping no es menor lo que representa Taiwán para su país, que lo que para Rusia es Ucrania. Sin duda, desde una perspectiva norteamericana todo está a favor de una estrategia de mantenimiento de su liderazgo geopolítico, pero no debe olvidarse que siempre cabe la posibilidad de un «error de cálculo» que con el actual armamento nuclear podría desencadenar una guerra no convencional de efectos devastadores, no deseada por nadie, pero irremediable en esa hipótesis.

Observando tanto despliegue de misiles de Rusia y China, socios al máximo nivel en estos momentos y dotados ambas potencias de un gran arsenal militar nuclear táctico y estratégico, nos retrotrae a estas mismas fechas de 1945 cuando se lanzaron sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, las primeras bombas atómicas –y hasta ahora– únicas, en operación militar, el 6 y el 8 de agosto respectivamente. Hoy es día 7 de agosto, y Japón se encuentra en la zona donde hoy se ensaya otra invasión militar. En aquellas lejanas fechas de 1945, la guerra mundial acababa de terminar en Europa y con esos lanzamientos se quiso acabarla en el Pacífico, como así fue. Hoy las superpotencias están entretenidas en juegos de guerra en Europa y el Pacífico, con los demás países de convidados de piedra y resignados a su papel de perdedores. Gane quien gane en el juego.