El carro de la Justicia

La embarazosa situación, aunque nadie hable de ello en el Metro, no favorece el prestigio de la Justicia ni de la política. El pueblo desconfía hace tiempo de la una y de la otra.

FOTO: C PASTRANO La Razón

El carro de la Justicia en España sigue atascado y desvencijado. La visita del comisario europeo, el belga Reynders, no ha servido para desatascarlo, a pesar de sus duras advertencias, que pueden ensombrecer el turno de la presidencia europea, al final del mandato de Pedro Sánchez, el año que viene. O arriman todos el hombro o tendremos que darle la razón a Platón cuando sostiene que «la Justicia no es sino lo que interesa al más poderoso».

La imagen que están dando el Gobierno y la oposición es que quieren usar la Justicia en beneficio propio. Esa es, parece, la verdadera razón que impide o dificulta la renovación del Poder Judicial y los altos tribunales. Lo demás son excusas y pretextos. Desde el Gobierno acusan a la oposición de utilizar todo tipo de artimañas para que se prolongue el predominio conservador en esos órganos judiciales, y desde la oposición acusan al Gobierno de pretender el control político de la Justicia, como se ha visto en el caso de la Fiscalía, aprovechándose de su actual mayoría parlamentaria, variopinta y efímera, en vez de dejar a los jueces que elijan a los jueces. Esta fórmula, defendida por Bruselas, no convence a la izquierda en el poder porque cree que, entre los jueces, hay una mayoría conservadora, con lo que la derecha tendría todas las de ganar a la hora del reparto. El atasco sirve al PSOE para echárselo en cara constantemente al PP. La conclusión a que se llega es que las dos partes son culpables del bloqueo. Ni los unos ni los otros, ni los de más allá, renuncian al aprovechamiento político de la Justicia.

La embarazosa situación, aunque nadie hable de ello en el Metro, no favorece el prestigio de la Justicia ni de la política. El pueblo desconfía hace tiempo de la una y de la otra. Y lo que está pasando no ayuda precisamente a recuperar la confianza. Tampoco el indulto del Gobierno a los políticos catalanes condenados por el Tribunal Supremo con todas las de la ley, o el que se prepara para el socialista Griñán, aunque sea humanamente comprensible. Etcétera. ¿Cuándo dejaremos de dividir a los jueces en conservadores y progresistas? ¿Es que no quedan jueces independientes en España? Escribe Azorín en «Trasuntos de España», en el relato de «El buen juez», que «la Justicia, la Justicia pura, limpia de egoísmos, es una cosa tan rara, tan espléndida, tan divina, que cuando un átomo de ella desciende sobre el mundo los hombres se llenan de asombro y se alborotan». Aquí parece ahora imposible.