Tribuna

Agarrarse a Messi como a un clavo ardiendo

Si Messi viniera con las orejas gachas, de obrero, tal vez se le iba a sacar jugo, exprimiendo sus últimos compases. Pero eso requeriría que el Barça no jugara para Messi y sí Messi para el Barça

Mi hijo de once años recién cumplidos está deseando que se haga realidad la vuelta de Messi a Barcelona. Como tantos otros, la matraca del retorno de Messi lleva ya dos años escuchándola. Y tras la victoria de Argentina en la Copa del Mundo claro está que se han multiplicado las expectativas y desbordado la ilusión.

Uno no le quiere quitar la sonrisa a niño alguno. Y menos a un hijo que es todo corazón. La pasión colisiona con la razón. Pero la cuestión es ilustrativa de la desesperación del Barça y de la necesidad de agarrarse a las glorias de antaño para revertir un estado de las cosas que amenaza con una quiebra en toda regla.

El Barça se ahoga. Y no es por el asunto Negreira que aún siendo feo no ha hecho mella en la afición culer a la espera de lo que pueda contar Laporta.

El Barça lleva tiempo ahogándose en el terreno de juego. Con un juego insulso de posesión aburrida, sin definición y sobre todo sin magia. La tuvo como nadie. Pero no siempre quien tuvo retuvo. Ese Barça asombró al mundo del fútbol, cierto. Para luego arrastrarse e incluso ridiculizarse en la misma competición donde apabulló. La Champions coronó al Barça de Ronaldinho, de Eto’o, de Henry. Y sobre todo de Messi acompañado de esa columna vertebral que definió un estilo de juego con Xavi e Iniesta, de magos en el manejo del balón. Y con Puyol, todo pundonor, un coloso guardando las espaldas de sus compañeros.

Nadie supo o quiso advertir lo que vino tras una borrachera de juego y triunfos embriagadora como jamás se había visto. Tal vez Guardiola que se ha revelado como el más listo.

Y la resaca ha sido terrible. Un lustro decadente con Messi en el campo y un equipo a su medida. O mejor dicho, a su capricho. Él es el responsable de los grandes éxitos. También de la debacle y de un vestuario goloso y engreído.

Pues bien, lo cierto es que el Barça sin Messi va a volver a ganar la Liga, que ya no es de las estrellas, como cuando reinaban Messi y su antagonista, CR7. Pero en la Champions ha seguido prorrogando su agónico intento de resurrección. A tal punto que también lleva dos años vapuleado en la Europa League. Sin tesón, sin honor alguno. Es una sombra de lo que fue. Como si también la Europa League le fuera grande.

Los despropósitos deportivos –y a la postre económicos– vienen de lejos. Jamás se tiraron tantos millones por el retrete con fichajes como el de Coutinho. Parecía imposible atinar tan poco. Pues se superaron y no era fácil, demostrando que siempre se puede cavar más hondo. Y a fe de Dios que siguieron cavando con ahínco y alevosía. Regalaron 100 millones de euros al Manchester City de Guardiola fichando a Ferrán Torres y Eric García. Con ese dinero amarraron los de Guardiola el codiciado fichaje de Haaland.

Como Messi se fue al PSG, decidieron sacarse de la chistera un nuevo 10. Canterano como el de Rosario, aunque este con un curioso pasado, apadrinado por la sociedad comunista de la Marinaleda de Sánchez Gordillo que le dio trabajo y regularizó la situación del padre de Ansu, el guineano Bori Fati.

Y ahí apareció Ansu al que encumbraron como heredero del astro argentino. ¡Visionarios! Hoy por hoy, no saben qué hacer con Ansu. Será por la grave lesión o por qué fue un espejismo o por qué el chico no se acopla en el 11 de Xavi. Si tuviera dinero la Unión Deportiva Marinaleda igual lo tentaban. Pero una tercera división sevillana no está en éstas.

Traer a Messi más cerca de los 40 que de los 30 no es una buena receta para rearmar el juego del Barça y mucho menos para cimentar un nuevo equipo con el que volver a competir en la Champions. A su vez es una evidencia del momento que vive el Camp Nou con una sombría tormenta en el horizonte ante –entre otras– las dudas que genera la deuda contraída y el costo del nuevo estadio.

Si Messi viniera con las orejas gachas, de obrero, tal vez se le iba a sacar jugo, exprimiendo sus últimos compases. Pero eso requeriría que el Barça no jugara para Messi y sí Messi para el Barça. Y esa es una situación inédita que difícilmente, en el mejor de los casos, va a darse. Igual sirve como cortina de humo. Pero a la postre, pan para hoy, hambre para mañana.