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20 septiembre, Roma - París

Tal día como hoy de 1870 se vivió un capítulo decisivo en la historia de Europa: la culminación de la unificación italiana y la pérdida del último bastión del poder temporal del Papa, tras 1.100 años de existencia.

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Con la violación de Napoleón III de la milenaria alianza de Francia como protectora de los Estados Pontificios, es curioso advertir cómo el Papado y Francia correrán suertes paralelas: Roma resulta ocupada por los italianos, mientras París lo será por los prusianos. Como consecuencia, en esas mismas fechas desaparecen los Estados Pontificios y cae el Segundo Imperio francés con la victoria de Bismarck en la batalla de Sedán. El Papa Pío IX se auto recluyó en el Vaticano, mientras que el emperador francés se exilió en Londres.

El detonante de la guerra franco prusiana fue la oposición francesa a que el pretendiente de Prusia ocupara el trono español, vacante tras la Revolución de la Gloriosa, que exilió a Isabel II. España sería así, una vez más, causa indirecta y coprotagonista de la Historia.

Tras la pérdida de los Estados Pontificios, nacerían el estado de la Ciudad del Vaticano, el Segundo Reich alemán y la Tercera República francesa. Nadie recuerda a estos dos últimos ni al Rey italiano, pero en la primera aún pervive el sucesor de Pedro.

El presente actualiza nuestro pasado y proyecta nuestro futuro. La actual Europa no se entiende sin lo que sucedió tal día como hoy hace 149 años.

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