A este Papa no hay quien le pare

La Razón
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En el vuelo que nos devolvía a Roma desde El Cairo Francisco nos agradeció a los periodistas que le acompañábamos «estas 27 horas de tanto trabajo»; así comenzó la rueda de prensa que mantuvo con nosotros y en la que abordó los temas más variados y complejos: peligro de guerra en Corea, relaciones con Trump, elecciones francesas, la crisis de Venezuela, los peligros del populismo... El Papa habla sin papeles, sus respuestas son siempre claras. La visita a El Cairo ha sido una experiencia agotadora. El mismo Bergoglio nos confió que le hubiera gustado visitar las pirámides, pero que le fue imposible. Desde que llegó a las dos del mediodía del viernes 28 hasta que abandonó la capital cairota a las cinco de la tarde del sábado 29, su programa fue una sucesión de compromisos sólo interrumpidos por unas pocas horas de sueño (habitualmente se levanta a las cuatro y media de la mañana). Esas famosas 27 horas de trabajo estuvieron dedicadas a encuentros con el presidente de la República Árabe de Egipto, Al Sisi, y sus ministros, con el Gran Imán de la Universidad Al Azhar, que es la máxima autoridad para los musulmanes sunitas, con el papa Copto Tawadros II y con la exigua comunidad católica egipcia con la que celebró una Eucaristía en un estadio al aire libre y un encuentro con las fuerzas vivas en la catedral. Fuera de programa se encontró con un grupo de niños de las escuelas combonianas y con 300 muchachos católicos llegados para verle desde todos los rincones del inmenso país.

La agenda preveía cinco discursos pronunciados en otras tantas ceremonias y ante oyentes muy diversos: los imanes, ulemas y expertos coránicos de Al Azhar, ministros, militares y diplomáticos en el Palacio Presidencial, las jerarquías de todas las iglesias cristianas en el Patriarcado Copto Ortodoxo , los 25 mil católicos que participaron en la misa en un estadio de la aeronáutica militar egipcia.

Aterrizamos en Roma el sábado a las ocho y media de la noche. Pues bien, el domingo a media mañana ya estaba en la Plaza de San Pedro para celebrar los 150 años del nacimiento de la Acción Católica italiana. Fresco, comunicador, animado. Lo dicho: no hay quien le pare.