Abascal, la Resurrección

El debate del pasado lunes certificó lo que era un clamor, que tenemos los candidatos más flojos de la democracia. Más allá del hundimiento definitivo de Albert Rivera, que por momentos rozó el esperpento con esa manía de exhibir la tienda de souvenirs que lleva a los debates, los demás hicieron un debate aburrido y de poco nivel.

Pablo Iglesias no estuvo bien, le salvó tener la mejor retórica de todos ellos y jugó a mantener a los suyos, pero no brilló para diluirse cuando vio que el objetivo de Pedro Sánchez era el electorado más centrado y no los votantes que están a la izquierda del PSOE.

Casado se había preparado mejor que en abril, intentó despuntar y ofrecer una imagen presidenciable, pero volvió a transmitir poca solvencia y dio sensación de falta de talla hasta terminar siendo barrido por Santiago Abascal.

A Vox, sin embargo, no le fue mal, ha conseguido reinventarse. Después del 28A fue perdiendo fuelle hasta el punto de que algunos pronosticaron su práctica desaparición en favor del Partido Popular, sin embargo, cuatro factores han resucitado a Abascal.

El primero de ellos ha sido la crisis catalana, cuando los independentistas tensan la cuerda, el debate se polariza y en la competición por adoptar la postura más radical, Vox ha ganado y se ha quedado con el marchamo del antiindependentismo.

En segundo lugar, la exhumación de Franco les ha permitido liderar la oposición al gobierno y ser el banderín de enganche de muchos nostálgicos. Por último, la televisión le ha hecho un gran favor, como lo hizo en su día con Pablo Iglesias.

El programa “El hormiguero” descorchó la popularidad de Abascal, más de 4.000.000 de espectadores fueron la audiencia de un programa que batía su récord y el debate a cinco ofreció una imagen del líder ultraderechista afeando a PP y Ciudadanos y plantando cara al presidente del Gobierno.

Abascal no es un gran líder, pero sobresalió entre tanta mediocridad. No solo ganó adhesiones, sino que consiguió que Vox deje de dar miedo a los votantes y eso sí que produce pánico.

Sánchez no perdió el debate. Siendo el favorito en las encuestas equivale a decir que lo ganó. No arriesgó porque en el cuerpo a cuerpo no ha destacado nunca, intentó que el debate no le diera ningún susto y lo consiguió. Un par de propuestas preparadas para dar imagen de gobierno y unas ojeras maquilladas que dieran imagen de hombre de Estado preocupado.

Quedó patente que será muy complicada la investidura. Si los pronósticos se cumplen y gana el PSOE, será muy difícil que encuentre unos aliados que no sean los independentistas, pero lo que quedó más claro aún es que no habrá un gobierno con la estabilidad suficiente.

Si la convocatoria de elecciones solo sirve para que crezca la extrema derecha y para que la situación de bloqueo permanezca tal cual, no tendría que haber unas terceras elecciones, debería irse a su casa al menos uno de los que debatieron el lunes.