Broncas e indigentes del ágora

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Cuatro años van a cumplirse de un curioso suceso ocurrido en el Congreso de los Diputados. El primer Gobierno de Rajoy era observado entonces por unas Cortes en las que Manuel Chaves era alguien. Otros tiempos. Durante la instrucción judicial que acabó señalándolo (a él y a Pepe Griñán), el ex presidente de la Junta aún lucía gestión y linaje en Madrid y podía arrogarse la autoridad para abroncar a sus compañeros. Sucedió, como se decía, hará cuatro años en abril. El pleno discutía sobre las participaciones preferentes cuando una veintena de afectados, presentes en la tribuna de invitados de la Cámara Baja, fueron desalojados por la comisión de comportamientos inapropiados. Los insultos de los expulsados fueron acompañados del jaleo con palmas de un sector de los socialistas. Chaves se levantó entonces, sacudió airado el primer escaño de la bancada socialista y mandó callar a los suyos. «¿Pero en qué partido creéis que estáis?», exclamó retórico. ¿Y quién estaba entre los diputados agitadores? Pues Odón Elorza, al que ese sector que jaleaba a faltones, entre infantil y temerario, pretende hacer candidato si Pedro Sánchez renuncia. El ex secretario, visto está, ha debido de terminar agotado de rondar las carreteras secundarias «buscando hombres», como hacía Diógenes. Pedro y Odón, Odón y Pedro, sus indigencias recuerdan a la de Diógenes, aunque sin la esencialidad del griego. El afán por el vagabundeo, el desapego por las pasiones humanas o la aspiración de la virtud de la autosuficiencia (ese «no-es-no»...) son propias de éstos y lo fue de aquél. Cuentan que cierta vez afearon a Diógenes que se masturbase en el ágora, a lo que el filósofo contestó: «¡Ojalá frotándome el vientre se terminara el hambre de un modo tan dócil!». Cosas de la indigencia.