Bueno para el Atlético

Hubiese llegado a Madrid en la temporada 2008-2009. Ramón Calderón le adelantó el que nunca pudo ser el partido de su debú madridista, «ante el Deportivo». El siempre difícil, complicado y espinoso acuerdo con aquel Valencia de Manuel Llorente también estaba cerrado: 48 millones de euros... Y se evaporó de la noche a la mañana, literalmente. Pedja Mijatovic, a la sazón director deportivo del Real Madrid, deshizo el pacto porque un capitán, dijo el montenegrino –nunca lo manifestó en público– vetó el fichaje. Después de una escala de tres temporadas en el Barcelona, donde le recomendaron que retirara de los borceguíes la bandera de España, después de convertirse en uno de los ídolos del Camp Nou, después de una fractura de tibia que se produjo por estrés el 15 de diciembre de 2011, lesión que consumió ocho meses de su carrera, por fin David Villa va a domiciliarse en la capital de España para ser titular en un equipo de la Liga de Campeones: el Atlético de Madrid.

No hay que descartar que algún directivo azulgrana haya intervenido en el trasvase, aunque Falcao, antojo imposible, optara por la millonada que le paga Rybolovlev para que sea el referente del Mónaco. El directivo en cuestión aprecia al «Guaje» y no oculta sus simpatías por el Atlético. Si por él fuera, Thiago Alcántara, 18 millones de cláusula de rescisión hasta el 31 de julio, acompañaría al ariete en el traslado y hasta es posible que resultara más económico y más efectivo que el comprensible empecinamiento por Diego Rivas. Pero Villa llega solo desde la Ciudad Condal, por ahora. Y no es mala operación, sino todo lo contrario. El máximo goleador de la Selección (56 tantos) cumplirá 32 años en diciembre, sí; ha estado casi una temporada sin jugar –carrera que no hace el galgo, en el cuerpo la lleva, argumentan los ciclistas–, también; pero tiene rango en el equipo nacional; no es titular indiscutible, pasa por ser suplente, pero no el suplente del suplente, esa otra alternativa que Del Nido enfrió con palabras mayores: cuestión de dinero.

Villa entra al balón como si no se hubiese roto la pierna. Golear sólo es cuestión de tiempo.