Callos con encuestas

Ayer se conmemoraba el trigésimo aniversario de la celebración del 2 de Mayo como fiesta de la Comunidad de Madrid. En aquella primera celebración de 1984, era presidente regional Joaquín Leguina y los cabezas de lista en los comicios de un año antes habían sido Luis Guillermo Perinat (Coalición Popular) y Lorenzo Hernández (PCE). En la recepción oficial de ayer, treinta años más tarde, había pocos de los viejos rostros de entonces, salvo el del propio Joaquín Leguina, y algún que otro diputado de la primera legislatura. Menos asistentes, debido a la erosión que produce el «puente» en la asistencia a los actos oficiales, y alguna que otra novedad, como la interpretación del «Pongamos que hablo de Madrid», de Sabina, al final de la entrega de distinciones, como una alternativa más identitaria, conocida y popular al desafortunado himno de la Comunidad de Madrid.

Los canaperos profesionales coincidieron en que el cóctel oficial todavía no ha salido de la crisis, pese a las esperanzadoras y optimistas palabras del presidente González sobre el presente y el futuro de la economía en nuestra Comunidad. Otros habituales de estos saraos culpaban al sobrio y recortado menú de los últimos años, la decadencia asistencial del mundo del folclore y el papel cuché a esta recepción. Entre las contadas variedades culinarias de ayer, unas minicazuelitas individuales de callos a la madrileña, que más podrían salir bautizados como «callos con encuestas», principal ingrediente este último en la receta de ayer, porque ya empieza a ser costumbre que este día solemne y festivo para la Comunidad de Madrid amanezca inquietado por unas encuestas que a más de uno ponen al borde de un ataque de nervios, y al resto, al punto de una sobredosis de optimismo que tienen que reprimir a duras penas. Las encuestas publicadas ayer eran una especie de aderezo amargo para el PP, al que la intención de voto le da por perdida la mayoría absoluta en la Comunidad y la pérdida total en el Ayuntamiento. Unos no se lo creen y otros no quieren creérselo, para caer en un estado de melancolía, pero todos se preguntan, y preguntan a periodistas e invitados en general, qué les parece, y cada cual elabora un diagnóstico distinto.

Allí estaban, en la recepción y la copa, los que admiten querer ser cabeza de lista (Ignacio González y Tomás Gómez), los que no quieren aparentarlo (Cristina Cifuentes, Ana Botella, Lucía Figar...) y los que navegan en la zozobra (Luis de Velasco, Antonio Miguel Carmona...). Esperanza Aguirre no estaba. El gobierno de Mariano Rajoy apoyaba al Gobierno de la Comunidad de Madrid con la sola presencia de un ministro, Ruiz-Gallardón, y esto dio mucho que hablar, sobre todo entre los corrillos formados por populares.

Menos empresarios y sindicalistas que otros años; más carga política de lo habitual en el ambiente y el plato estrella del cóctel de la recepción oficial: los callos madrileños con encuestas, una receta muy parecida a la tradicional, pero con un picante más ácido, y tal vez dañino para poder digerirlo sin lugar al cólico.