Cataluña, creadora del modelo político que significa la Monarquía

Hay algunos puntos que deberían aclararse en estos momentos. España es una nación y así lo reconoció Diocleciano el Emperador a finales del siglo III. El nombre se ha conservado, cosa que no han hecho otras naciones, y con ellos también la herencia romana. Un catalán debe saber que los «usatges» que constituyen el fuero de Cataluña son, en realidad, la puesta al día del Derecho romano. España se perdió el año 711 por la invasión musulmana, pero con gran esfuerzo pudo reconquistarse, la larga guerra que llamamos Reconquista obligó a establecer una variedad de frentes constituyéndose varios reinos. Curiosamente, Cataluña nunca quiso titularse reino, sino principado, pero como hace años llamaba la atención un gran intelectual, Jose Antonio Maravall, es precisamente en Cataluña en donde el nombre de España vuelve a aparecer. Carlo Magno le llamó la Marca Hispánica y en la lengua de Occitania aparece el término Spanya, que es el que utilizamos hoy.

Cataluña fue la creadora del modelo político que significa la Monarquía, es desde Barcelona en 1344 Pedro IV elabora el documento fundamental, ordenamiento de casa y corte, que consideramos como la primera Constitución. Es curioso que este rey al dictar su crónica diserta estas palabras: Cataluña es la mejor tierra de España. Yo estoy de acuerdo. La fórmula empleada en esa Constitución es unir los reinos garantizando la unidad porque se considera ésta como la garantía del desarrollo económico.

Cuando en 1410 muere Martín el Humano sin descendientes, los procuradores de los reinos se reúnen en Caspe y aquí los representantes de Cataluña ponen una condición. Nada importa quién vaya a ser el rey, lo importante es mantener la unidad. Curiosamente, se escoge como rey a un infante castellano que en aquellos momentos era también regente en este reino. De este modo, Castilla se va incorporando poco a poco al modelo formado por la Corona de Aragón, en el cual se da también una condición muy importante: el reconocimiento de que hay tres poderes que deben actuar en nombre del rey pero por separado: el legislativo, que son las Cortes, el judicial, que es la Audiencia, y el Ejecutivo, que es el Consejo. Por eso, la influencia de Castilla a partir de este momento es muy grande, porque contando con grandes recursos económicos puede prestar a Cataluña ayuda decisiva. Los políticos suelen cometer el error de creer que los grandes problemas económicos, las depresiones, se resuelven separándose. Es un error que se produce en 1461 en 1640 y en 1700 y en los tres casos la ayuda castellana a Cataluña fue decisiva. Fernando el Católico saca a Cataluña de la terrible crisis en que se había hundido buscando los recursos de que él disponía en Castilla. Felipe IV sigue el criterio de mantener la estructura administrativa catalana a pesar de la guerra y, finalmente, Felipe V abre a Cataluña las puertas de América y permite el desarrollo de su economía. No cabe duda de que en los siglos XVIII y XIX Cataluña fue uno de los principales elementos de la Monarquía española, desarrollando una industria y un comercio que a todos beneficiaba. Tenemos que insistir precisamente en eso. Sería un error creer que la unión beneficia únicamente a una de las partes, la experiencia demuestra que beneficia a todos. Ahora bien, en la política hay que tener una precaución; no son las decisiones ni las medidas correctivas las que resuelven los problemas. Es el afecto, es el entendimiento. En estos momentos de crisis que vivimos en que parece que nos acercamos a un derrumbamiento total, la recomendación que un historiador puede hacer a un español o a un catalán es recuperar el afecto porque en él estaban las razones profundas de la esperanza.